LA PARROQUIA EN EL PERIODICO

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San Hilario de Poitiers, una parroquia ligada a su tiempo
Esta comunidad posee un marcado carácter social e incluso recoge dinero para ayudar a otras iglesias
Imagen del templo de la parroquia de San Hilario de Poitiers
Imagen del templo de la parroquia de San Hilario de Poitiers – JAIME GARCÍA
FRANCISCO SERRANO OCEJA Madrid
14/01/2017 00:29h – Actualizado: 14/01/2017 00:30h.
Guardado en: España Madrid
Esta parroquia huele a nueva y a novedad, que aquí es parecido, pero no lo mismo. Fue el primer templo consagrado por el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, y se ha convertido en el punto de encuentro de la forma pastoral vigente y con fuerza del presente histórico. Faltan dedos de la mano para contar las veces que el cardenal de Madrid ha estado en esta parroquia que, además, representa un hito más en la nueva generación de templos de la arquitectura «oficiosa» de la archidiócesis, diseñada por Antonio Ábalos. Los lectores recordarán la parroquia de la pasada semana, Epifanía del Señor, de la misma genealogía que la presente: octogonal en su estructura básica, un alarde de equilibrios y fuerzas, imágenes pocas, bizantina en el modo, catecumenal -que no neocatecumenal- en la mirada, con amplios salones parroquiales y una capacidad notable de encarnación pastoral, por ponernos patrísticos. Ah, y con las viviendas del presbiterio anejas.

¿Qué hace un santo padre como Hilario de Poitiers —Hilario de Carrefour para algunos— en un sitio como éste, en el número 7 de la calle Luis Chamizo, de Aluche? Hubo un obispo auxiliar de Madrid, monseñor Eugenio Romero Pose, santo y sabio, que se dio cuenta que Hilario de Poitiers, tan valioso como san Agustín en algunos aspectos, no tenía una parroquia en la capital. Y así se hizo una vez que convencieron al cardenal Rouco. ¿Qué hace un sacerdote como Julio Palomar Hernando como párroco en una comunidad como ésta? La respuesta es fácil para quien conoce a este sacerdote hiperactivo, social y comprometido con su tiempo, con el que, por cierto, no tendría problemas, en una segunda ocasión, de conversar sobre el concepto de religión, religiosidad, en el contexto de la nueva teología de las religiones, o en Dietrich Bonhoeffer, o en la teología del Pueblo de Dios del Papa Francisco. Julio Palomar está acompañado por un vicario parroquial, Raúl Gomes Estela. Les ayuda además el director del Instituto de Pastoral, Antonio Ávila. Las matemáticas presbiterales dicen que son dos curas y cuarto. En el territorio de la parroquia vive una comunidad de religiosas del Instituto Bienaventurada Virgen Niña. Para entendernos, las «Irlandesas».

Según cuenta el párroco, esta parroquia es «acogedora, participativa, abierta, comunitaria, solidaria, misionera», que no es poco. «Una parroquia —insiste Julio Palomar— abierta al barrio, a sus necesidades, a la sociedad de hoy». Y es cierto que por sus frutos las conoceréis, también a las parroquias. Acogedora: del famoso CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros) de Aluche a la parroquia hay una línea recta de solidaridad. De hecho cuentan con un piso en el complejo parroquial a disposición de los inmigrantes que no tienen dónde ir. El número de voluntarios que atienden esta misión es muy amplio. De ello pueden dar fe los jesuitas capellanes de los CIES. El equipo de Cáritas nutre la Cáritas de la Vicaría dado que en el estricto territorio parroquial las necesidades directas no son muchas por la orografía sociológica de la feligresía. Ejemplo, la parroquia mantiene becas de comedor de niños de otras comunidades. Todo lo que se recauda en las campañas es para otras iglesias.

En sus múltiples salas encontramos bailes en línea, gimnasia de mantenimiento, tai-chi, talleres de manualidades, clases de guitarra, aulas culturales; la vida misma que también el ocio y la vida sana son formas de alabanza. A estas actividades añadimos la iniciación cristiana de adultos, los grupos de matrimonios, de Vida Ascendente, que no es tan ascendente como parece, la formación bíblica, los grupos de reflexión en torno al Plan diocesano de Evangelización, que seguro son de algo más que reflexión, y el grupo de liturgia, que prepara muy bien las celebraciones y no está en la dinámica de las «pamplinas», como insiste de forma gráfica el párroco. Una parroquia, la de san Hilario de Poitiers, que este curso tiene un lema: «Conocer para vivir, vivir para contagiar». Ha sido un placer conocerla para compartir su espíritu, que también es una forma de vida y pensamiento.