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Belén Parroquia

Sin duda alguna, que el signo tradicional más significativo de la Navidad, que en la actualidad convive con otras tradiciones no tan arraigadas, es el Belén que preside la sala de estar o el comedor; espacios importantes de nuestros templos y también de calles y espacios públicos.

Poner el Belén, a los mayores nos retrotrae a los recuerdos más inocentes y profundos de nuestra primera infancia, al mismo tiempo que nos invita a la contemplación y oración.

Los más pequeños viven emocionados, como gran catequesis visual, la contemplación de tanto misterio y tanto derroche de amor de Dios encerrados en el Belén. Y viven la magia de ir moviendo figuras hasta quedar apelotonadas a la entrada del establo, porque lo importante, para ellos y para todos, es que los caminos llevan a Belén y encontremos al Niño-Dios.

En el Belén contemplamos a Dios encarnado y a aquellos que le acompañan junto al pesebre. 

Belén es una nueva y desconcertante revelación de Dios. Una revelación escandalosa. Algo que no es nada de lo que decimos de Dios: Es un niño que no sabe nada, que no puede nada, que lo necesita todo… debilidad total que se prolongará en la debilidad del huerto, de un hombre traicionado…

Belén es también una revelación del hombre. En aquel niño pone Dios su tienda de campaña. Y el hombre comienza a ser grande, independientemente de las cualidades que tenga… y de su condición social. A partir de la Encarnación, si hay alguna preferencia, será por los que menos significan socialmente…