Sin categoría

Conversión al Otro

Nos estamos acercando ya a la Semana Santa, y el viernes 16 de  marzo, Antonio Ávila nos dio una charla cuaresmal, para ayudarnos a revisar nuestras actitudes, animarnos a la oración e intentar seguir caminando en autenticidad en el seguimiento de Jesús. El título fue LA CONVERSIÓN AL OTRO: estuvimos un gran grupo de personas y fue muy interesante, sobre cómo nos tenemos que convertir primero a Dios y luego al otro, a todos los otros que nos vamos encontrando en la vida, a los conocidos y a los desconocidos. Cómo la vida es un proceso de caminar con los hermanos e ir conociéndonos y descubriéndonos. Importante mirar a los ojos al otro, ver lo que hay dentro y descubrirle, para después aceptarle y quererle. Habló de que vivir en comunidad es vivir mirándose a los ojos mutuamente, es descubrir lo que el Espíritu quiere de ti y del otro, es ayudarla a que descubra su lugar en el mundo y a que sea él mismo, cumpliéndose como ser humano en plenitud.

Vivir en comunidad es intentar que el otro sea, viva, se desarrolle y plenifique y ayudarle a que lo consiga. Haber recibido el Evangelio es un gozo y una alegría, para cada persona y para el grupo en general y tenemos que conseguir que esa alegría llegue a todos, que no nos la quedemos los cristianos para nosotros solos, sino que la extendamos, la contagiemos y la difundamos por el mundo, para que la gente viva con más alegría y menos pesadumbre.

Vivimos en comunidad Parroquial e intentamos ser como una familia en la que nos conozcamos y nos queramos, nos impliquemos unos en la vida de los otros y nos vayamos tratando como hermanos. Vivimos en comunidades cristiana pequeñas, donde compartimos vida, fe y compromiso y ahí es donde tenemos que realizarnos, impulsarnos y alegrarnos mutuamente. Convirtiéndonos cada día más a Dios, pero no a cualquier Dios, sino al Dios de la misericordia, al Dios que nos impulsa al amor y hace de nosotros personas generadoras de amor, donde quiera que estemos y transformando el mundo por amor y con amor. Es un Dios que nos hace menores con su tolerancia, que su amor nos dignifica, que nos exige y nos invita a ponernos de pie, a retomar nuestro camino y a ir hacia la plenitud personal, que El ha soñado para nosotros.

Misericordia es la palabra que mejor define qué es Dios, que es mirar al hermano con amor infinito, con respeto profundo y entusiasmo por su ser único e irrepetible. Es un amor incondicional, lleno de ternura, que genera en nosotros confianza y que nos dignifica, por que, por muy malo que yo sea, es que soy hijo de Dios, lo que me está impulsando a trabajar para que toda persona humana viva mejor, y siempre, por el mero hecho de ser hijo de Dios tiene el derecho a todo mi respeto y a toda la dignidad y ayuda para ser más persona y más feliz.

Cuando leemos el Evangelio, Dios lo que hace es que nos impulsa a sacar de nosotros lo mejor, con todo lo que sembró en cada uno de plenitud y de grandeza. Nosotros, con la postura expresamos, “aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, lo que me hace tomar mi vida en serio e ir avanzando poco a poco. Las personas no somos como los calcetines, que les das la vuelta y ya está, sino que cambiamos poco a poco y hay que tener paciencia con el ritmo de cada uno, con el propio y con el de los otros.

La Biblia comienza presentando en el Génesis el conflicto de los hermanos Caín y Abel, en el que pregunta a Caín ¿Dónde está tu hermano?, tras haberle matado. Y sigue presentando diferentes casos de hermanos en conflictos; porque el otro es nuestro hermano, que a la vez es nuestro infierno, el que nos complica, nos cuestiona, nos tiene envidia y al que envidiamos… Pero hemos de amarle e implicarnos en su realización y felicidad y esa es la propuesta de Dios para nosotros en esta Cuaresma del 2018.

Feliz Semana Santa a todos. Mari Patxi