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“La fe lleva al compromiso social”

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Hace unas semanas, celebrando el Adviento, escuchábamos la voz de Dios en boca de Juan el Bautista que llamaba a nivelar las desigualdades de la vida.

Su voz es, al mismo tiempo, la voz y las voces de quienes claman día y noche pidiendo misericordia y justicia. Escuchar hoy la voz de Juan es escuchar esas voces y sentirlas dentro con sensibilidad suficiente para abrir el corazón a los que sufren y acoger su llanto, su voz y su grito: hay que salvar los baches de los últimos y achantar los montes de los orgullosos.

Estamos celebrando la Navidad, por eso y a pesar de los nubarrones que se ciernen sobre la humanidad, aunque el mal y la injusticia parecen acampar a sus anchas, hay esperanza: Dios nos ha visitado, en su Hijo Jesús ha asumido nuestra condición humana y, en solidaridad con ella, transforma y salva nuestra vida y hace mejor y más habitable el mundo.

Como creyentes y queriendo dar sentido a nuestra Navidad, nuestra propia existencia ha de ser una prolongación amorosa de la Buena Noticia de Jesús y una poderosa llamada a procurar que todos tengan vida.

Con el fin de que todo eso no se quede en buenos deseos, muy propios de estas fechas, recordamos que en la asamblea parroquial, del comienzo de curso, nos comprometimos a trabajar, de manera especial, en los siguientes aspectos:

  • Atención y acompañamiento al mayor.
  • Combatir la indiferencia frente al sufrimiento del prójimo.
  • Acogida y ayuda a los inmigrantes (sin papeles)
  • Sujetos generadores de una Iglesia en salida.

Es bueno que nos preguntemos si tenemos asumidos estos objetivos y si, en la medida de nuestras posibilidades, estamos trabajando por hacerlos realidad