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Encuentro Europeo de Taizé

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Sin darnos cuenta, ha pasado la Navidad, con un tiempo de Adviento fuerte, en el que fuimos preparándonos para el nacimiento de Jesús y con el anuncio de los jóvenes de Taizé que pidieron ser acogidos en nuestra parroquia.

Para los que no lo conozcan, todo Madrid se preparó para recibir en plenas fiestas navideñas a 15.00 jóvenes cristianos de toda Europa, indistintamente católicos, evangélicos y ortodoxos. Taizé es un pueblecito francés en el que unos religiosos, en 1966, inventaron una especie de templo donde reunir a jóvenes que quisieran orar de forma especial, de diferentes religiones. Y desde entonces se reúnen allí montones de jóvenes que van a vivir unos días de oración, recogimiento y reflexión. Lo que ha ocurrido estos días en Madrid ha sido el último episodio de una historia de amor, que arrancó cuando en 1966 el hermano Roger organizó un encuentro para explicar a los jóvenes lo que había supuesto el Concilio Vaticano II. Y 50 años después, la espiritualidad de Taizé sigue ejerciendo un misterioso poder de fascinación sobre la juventud cristiana europea.

A nuestra Parroquia han venido alrededor de 90 jóvenes, que han sido acogidos en familias y en las viviendas de la Parroquia, con el fin de vivir un encuentro de oración y celebración. Han vivido en los hogares de acogida y luego han ido a las diferentes actividades que se les ofrecían. La acogida es una de las características de Taizé, donde puede ir todo el que quiera y se vive con lo mínimo posible, se comparte todo lo que se tiene y austeramente se manejan por la vida con su sencillo equipaje y sus pocas necesidades.

Los primeros encuentros que tuvieron los jóvenes no eran como ahora, de formación por la mañana y talleres de oración por la tarde. Al principio solo se pretendía unir a diferentes jóvenes y poco a poco fueron profundizando en la Palabra de Dios y en la oración común. Nuca se ha pretendido formar un movimiento para jóvenes, sino que se nutran de oración y luego vuelvan a sus comunidades, para ser transformadores de la sociedad. Se han promovido diversos encuentros sucesivos en diferentes países, a los que han acudido miles de jóvenes de toda Europa. El énfasis de estos encuentros lo tiene la hospitalidad, que siempre es una riqueza para el que acoge y para el acogido, como lo ha sido este año para las familias de nuestra Parroquia que han convivido con jóvenes de otros países.

Los días que han vividos estos jóvenes a nuestro alrededor, hemos tenido la suerte de celebrar la eucaristía dominical con ellos y poder orar en dos idiomas al mismo tiempo y compartir cantos y oración con africanos que nunca habían pronunciado una palabra en español y que cantaban leyendo en la pantalla, con pasión y fuerza, como si entendieran el español. Hemos disfrutado de su presencia joven y vigorosa y de su fuerza al orar y cantar y hemos compartido la experiencia de sentir que Dios es Padre de todos y nos unifica y hermana a todos a la vez.

Nuestras eucaristías han sido participativas y gozosas y hemos disfrutado todos los asistentes al expresarnos en diferentes idiomas. Impresionaba cantar juntos el aleluya o alguna canción de la paz o algún villancico y era bonito ver como todos podíamos intentar cantar el “din don-dilin din don”,  canción preferida de Julio, y que a todos nos pone en marcha y nos alegra el corazón. Ellos se la han aprendido y seguro que la recuerdan a la vuelta a sus países de origen.

Ha sido un regalo esta experiencia interreligiosa e internacional para todos, los acogedores, los invitados y todos los que hemos estado alrededor. Gracias a los que habéis abierto vuestras casas a los jóvenes europeos, por que nos habéis hecho disfrutar de su presencia y de su fe. Que Dios os bendiga a todos y se ocupa de estos jóvenes que creen en Él y le siguen, igual que nosotros. A ver si conseguimos que haya más jóvenes en nuestras iglesias, que son un público más bien alejada y alérgico.

También hay que sentirnos orgullosos de la espléndida respuesta de algunos jóvenes de nuestra comunidad. Realmente han estado a la altura, se han sentido identificados con la comunidad.

Ahora tenemos delante la semana de San Hilario en la que tendremos oportunidad de convivir y compartir cosas y actividades. Os invitamos a todosa disfrutarlas y participar en todo lo que la Parroquia nos ofrece. Que san Hilario de Poitiers nos bendiga a todos y nos ayude a ser una gran familia en la que todos nos tratemos como hermanos y nos ayudemos a crecer como personas y a vivir más felices y plenos.

Creo que lo he contado todo. Un abrazo y hasta la próxima. Mari Patxi