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Cuaresma

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Estamos en  Cuaresma, un tiempo de especial atención a Dios, en el que se vive un poco más reflexivamente.

Es tiempo de ayuno, oración y limosna. Mucha gente, antiguamente, lo vivía pendiente, solamente de no comer carne los viernes, como si eso fuera lo que más agradaba a Dios. Lo que se pretendía con eso era que se intensificara la oración.

La Cuaresma es tiempo de mayor contacto con Dios, de estar un poco más en comunicación con Él. Para eso es bueno coger unos hábitos de oración especiales, fomentando los ratos de comunicación con Dios, como el Vía Crucis, la oración compartida, la Eucaristía, o lo que cada uno prefiera aumentar en este tiempo de especial relación con Dios.

El ayuno en sí no tiene mayor valor, en sí mismo, que el hacerse uno menos esclavo se su propio cuerpo, pero como oferta a Dios y a los hermanos, y, si es para compartir lo que se ahorra al ayunar, con los más pobres, pues está bien, ya que la limosna es con el fin de beneficiar a los hermanos, no por el ahorrar.

La limosna tiene el objetivo de dar a los hermanos lo que tienes de más, de privarte de algo, para compartirlo con ellos, de renunciar a algún capricho o bienestar, por el beneficio de alguien que lo necesite. Es bueno habituarse a dar algo cada semana o de vez en cuando, siempre atentos a caer en la cuenta de lo que tenemos de más, que a otros les falta.

Procuremos que no se nos pasen los tiempos litúrgicos, sin vivirlos especialmente, que en eso se nota que somos cristianos, en cómo amamos y cómo vivimos nuestra fe, que es la que nos nutre y condiciona la vida.

Animémonos unos a otros a vivir más en relación con Dios y a acudir a prácticas religiosas que nos unen a El y nos mantienen en relación con los hermanos. Pues que vivamos una profunda y feliz Cuaresma, cerca de Dios y de los hermanos.

Hasta la próxima. Mari PatxiPatxi