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VII Domingo del Tiempo Ordinario A

Nos volvemos a encontrar como comunidad celebrante en torno al banquete que Dios nos ofrece. Dios se nos muestra compasivo y misericordioso. Vivir en amor de Dios significa vivir en el amor hacia las otras personas. Presentémonos ante el Señor bien dispuestos  a escuchar su palabra y a participar en su mesa para seguir avanzando por el camino que Jesús ha recorrido antes que nosotros.
Benvenidos a recibir las fuerzas que necesitamos para ponernos al servicio de quien nos necesita, lo merezca o no.

Rito del perdón:
Tú que nos animas a seguir caminando para ayudarnos mejor unos a otros. Señor, ten piedad.
Tú que nos das esperanza para seguir a pesar de las dificultades. Cristo, ten piedad.
Tú que renuevas nuestro interior y nos llenas de vida. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:
Dios es el modelo para su pueblo. Él es el Santo y quiere que su pueblo sea santo. Jesús expone su enseñanza por medio de contrastes. Las Bienaventuranzas no son sólo apertura hacia Dios, son también apertura y disponibilidad misericordiosa con los hermanos, los buenos y los malos, los justos y los injustos. Todos estamos llamados a ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto.

Lectura del libro del Levítico.
El  Señor habló así a Moisés:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel:
“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor

El Señor es compasivo y misericordioso.
        V/.   Bendice, alma mía, al Señor,
                y todo mi ser a su santo nombre.
                Bendice, alma mía, al Señor,
                y no olvides sus beneficios.   R/.

        V/.   Él perdona todas tus culpas
                y cura todas tus enfermedades;
                él rescata tu vida de la fosa
                y te colma de gracia y de ternura.   R/.

        V/.   El Señor es compasivo y misericordioso,
                lento a la ira y rico en clemencia.
                No nos trata como merecen nuestros pecados
                ni nos paga según nuestras culpas.   R/.

        V/.   Como dista el oriente del ocaso,
                así aleja de nosotros nuestros delitos.
                Como un padre siente ternura por sus hijos,
                siente el Señor ternura por los que lo temen.   R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
HERMANOS:
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros.
Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.
Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia». Y también:
«El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos».
Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.

R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.
V/.   Quien guarda la palabra de Cristo,
         ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.   R/.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

  • Oración de los fieles:
  • Te pedimos, Señor, por tu pueblo, para que sea signo de tu amor en medio de nuestro mundo. Roguemos al Señor.
  • Te pedimos por los que más sufren y los más necesitados, para que experimenten tu amor y vivan en esperanza. Roguemos al Señor.
  • Por los gobernantes, para que sepan anteponer el bien común a sus intereses personales o de partido. Roguemos al Señor.
  • Por la Iglesia, para que el amor a los enemigos no sea una quimera sino una realidad. Roguemos al Señor.
  • Por los que aspiran a ser mejores personas pero se encuentran desorientados por no saber hacia dónde dirigir sus tareas y esfuerzos en una cultura sin proyectos. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros, para que no nos conformemos con el mundo tal cual es sino que tratemos de buscar un mundo y una sociedad más justa. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Quiero, Señor, amar siendo fiel en el amor.
Quiero amar, sin hacer nunca juego sucio.
Quiero amar construyendo la vida del otro.
Quiero amar dando siempre paz y bien.
Quiero mar y permanecer en el amor aunque me canse.
Quiero amar y respetar al otro donde tú habitas.
Quero amar y saber comprender y perdonar siempre.
Quiero amar y aprender a esperar cada día.
Dame, Señor, un corazón limpio y generoso;
un corazón limpio donde el otro encuentre
un espacio de libertad;
un corazón limpio donde el otro encuentre
un rincón donde ser acogido;
un corazón limpio donde el otro encuentre
un clima para ser feliz;
un corazón limpio donde el otro encuentre
un oasis donde descansar;
un corazón limpio donde el otro encuentre
una llama encendida donde ardas tú.