V Domingo del Tiempo Ordinario C

Ambientación inicial:

En la campaña de Manos Unidas de este año recordamos que, hace 60 años, un grupo de mujeres de Acción Católica, con sentido de humanidad y mirada creyente, convirtió la lucha contra el hambre en un proyecto colectivo del que muchas personas formamos parte. Estas mujeres se sintieron llamadas a dar testimonio de un amor universal y efectivo por la familia humana.

Desde esta historia de solidaridad y de lucha contra el hambre nos disponemos a vivir la Eucaristía de la Campaña “60 años de lucha por una vida digna, por la defensa de los derechos humanos y por la dignidad e las personas”. Bienvenidos.

Rito del perdón:

  • Tú, Señor, que nos quieres trabajando por los demás, creando fraternidad, por encima del desánimo y la pereza. Señor, ten piedad.
  • Tú, Señor, que nos envías a anunciar la entrega y resurrección, por las veces que nos anunciamos a nosotros mismos. Cristo, ten piedad.
  • Tú, Señor, que nos das tu Gracia para ser testigos y enviados, pero creemos que todo lo conseguimos con nuestro esfuerzo, sin tenerte en cuanta a Ti. Señor, ten piedad.

Ambientación a las lecturas:

En la primera lectura, el profeta Isaías narra la llamada que Dios le hace y el miedo que le provoca, pero finalmente dirá: “aquí estoy, mándame”. Pablo, en la carta a los Corintios, recuerda a la comunidad la obra suprema del amor de Dios: el Misterio pascual de Cristo Jesús. En el evangelio, como en la lectura de Isaías, queda claro que la llamada proviene de Dios no de las propias fuerzas.

Oración de los fieles:

  • Por todos los que formamos la Iglesia, para que seamos las manos personales y organizadas que acogen a los pobres, traen esperanza y consuelo a la humanidad, sin pedir nada a cambio. Roguemos al Señor.
  • Por las personas que viven angustiadas por la mortalidad, la falta de vivienda adecuada, el hambre y los problemas de salud. Roguemos al Señor.
  • Por la igualdad en los países de desarrollo, entre hombres y mujeres, en la educación, la atención médica, el trabajo decente y las decisiones económicas y políticas. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra sociedad española, que en nuestra lucha contra el hambre, avancemos en un cambio de valores, actitudes y comportamientos que favorezcan la construcción de un mundo más justo y una sociedad más solidaria. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que hacen posible la misión de Manos Unidas, ayudando a crecer en dignidad a tantas personas. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Señor, no tienes manos,
tienes sólo nuestras manos
para construir un mundo nuevo
donde florezca la paz y la justicia.

Señor, no tienes pies,
tienes sólo nuestros pies
para poner en marcha a los oprimidos
por el camino de la libertad.

Señor, no tienes labios,
tienes sólo nuestros labios
para proclamar a los pobres
la buena noticia de la solidaridad.

Señor, no tienes rostro,
tienes sólo nuestro rostro
para alegrar a los tristes
y serenar a fracasados y perdidos.

Señor, nosotros somos tu Evangelio,
el único evangelio que nuestros hermanos pueden leer,
si nuestra vida tiene palabras y hechos solidarios
para todos los que padecen olvido y necesidad.

Señor, aquí tienes mis manos,
mis pies, mis labios, mi trabajo, mi tiempo,
mi ilusión, mi vida…,
todo lo que soy y tengo.

¡Aquí estoy, Señor, cuenta conmigo!