Ambientación inicial:

¡Bienvenidos a la celebración de la Eucaristía! Jesús nos convoca en torno al altar para celebrar la fe y recibir la misión de ser mensajeros de su Palabra, haciendo presente su mensaje. Somos apóstoles, enviados a mostrar el Evangelio en todos los rincones, a todas las personas, en cualquier situación. Dios cuenta con nosotros. La participación en la Eucaristía nos ayudará a seguir los pasos de Jesús.

 Ambientación a la palabra:

El Evangelio nos presenta a Jesús compartiendo su misión con un grupo numeroso de discípulos. Se va configurando progresivamente la tarea de la comunidad cristiana. La Iglesia está llamada a mostrar, ante todas las personas y en todas las culturas, la Buena Noticia. El resto de las lecturas nos recordarán que el cristiano es una criatura nueva y que el amor y la cercanía constante de Dios con nosotros ha quedado sellada en la cruz de Jesús, auténtica fuente de vida que nos transforma.

Oración de los fieles, respondemos:

                “PADRE, HAZ DE NOSOTROS UNA IGLESIA EVANGELIZADORA”

  • Por la Iglesia, para que sea una Iglesia “enviada” a los caminos del mundo, una Iglesia en salida, no una Iglesia conservadora y cerrada sobre sí misma.
  • Para que la Iglesia sea pobre y de los pobres de modo que los medios que utilizamos no sean un obstáculo para llegar a las personas más sencillas.
  • Por la Iglesia, para que sea siempre instrumento de Buena Noticia, que anuncie siempre y en todas partes, paz, perdón, misericordia y reconciliación.
  • Para que esté atenta al clamor de los que se sienten solos, abandonados o incomunicados.
  • Por los miembros de nuestra comunidad, por los que estamos aquí y por los que ha salido en busca de descanso, para que todos, en todo lugar y siempre sepamos hacer presente el Evangelio.

 Después de la comunión:

Vamos, amigo,
no te calles ni te achantes,
que has de brillar como fuego nocturno,
como faro en la tormenta,
con luz que nace en la hoguera de Dios.

Vamos, amigo,
no te rindas ni te pares, que hay quien espera,
anhelante, que compartas lo que Otro te ha regalado.
¿Aún no has descubierto que eres rico para darte a manos llenas?
¿Aún no has caído en la cuenta
de la semilla que en ti, crece pujante,
fértil, poderosa, y dará frutos de vida y evangelio?

Vamos, amigo.
Ama a todos con amor único y diferente,
déjate en el anuncio la voz y las fuerzas,
ríe con la risa contagiosa de las personas felices,
llora las lágrimas valientes del que afronta la intemperie,
hasta el último día,
hasta la última gota,
hasta el último verso.
En nombre de Aquel
que pasó por el mundo
amando primero.