Cuarto Domingo de Pascua

Ambientación inicial

Este domingo celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones  y la Jornada de las vocaciones Nativas. El Buen Pastor, que conoce a cada una de sus ovejas, también les da la vida, las lleva a puerto seguro y las alimenta con un maná escondido.

Todo esto lo vivimos en la Eucaristía, donde se nos anuncia la Palabra de redención y compartimos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, que nos da vida eterna.

Rito del perdón:

  • Tú eres el Buen Pastor, que nos conoces y acompañas. Señor, ten piedad.
  • Tú eres quien nos enjuga las lágrimas. ¡Cristo, ten piedad!
  • Tú eres quien nos conduce a las fuentes del agua viva ¡Señor, ten piedad!

Ambientación a la Palabra:

En la primera lectura, del Libro de los Hechos, se nos narra el paso que dieron los primeros evangelizadores, del mundo de los judíos al mundo de los paganos. El Libro del Apocalipsis  también nos recuerda esta universalidad; la palabra es para toda la humanidad. Jesús se presenta en el evangelio, según san Juan, como el Buen Pastor soñado por cualquier oveja: las conoce, les da vida eterna y nadie podrá hacer que se separen de Él.     

Oración de los fieles, respondemos: “SEÑOR, QUEREMOS ESCUCHAR TU VOZ”

  • Que la Iglesia, siguiendo los pasos de Buen Pastor, sepa comunicar vida y esperanza a nuestro mundo con palabras positivas y abiertas, más que con voces de condena.
  • La sociedad en la que vivimos nos hace ser ovejas dispersas y perdidas, cada una siguiendo su camino. Que recuperemos el sentido del bien común y de la fraternidad.
  • La situación social y económica están creando demasiado sufrimiento. Que tengamos buenos pastores que comuniquen vida y esperanza.
  • Que por encima de esas otras voces que oímos y nos despistan, escuchemos la voz de Jesús, nuestro pastor, que no tiene otro interés que nuestra propia vida y felicidad.
  • Por todos nosotros, para que desarrollemos nuestra vocación en el corazón del mundo, comprometidos en el servicio a los más empobrecidos.

Después de la comunión:

Dinos, Señor, en el silencio, tu Palabra.
Llévanos por la ciudad,
entre el tráfico y el ruido,
y ayúdanos a escuchar en ello tu Palabra.
Repítenos el eco y la fuerza de tu voz.
Vayamos a las periferias
para que nos enseñes palabras nuevas,
escondidas detrás de tu rebaño.
En medio de nuestros problemas y preocupaciones
que se oiga tu Palabra
y ponga todas las cosas en su sitio.
Ponnos en el corazón de las personas
y espera, Señor,
que crezca en nosotros tu Palabra.