Domingo de la Ascensión del Señor

Ambientación inicial:

            Bienvenidos a la celebración. Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión. Dios, el Dios de la vida, el que resucitó a Jesús de entre los muertos, lo ha “ascendido” y lo ha colocado junto a Él, a su derecha. A nosotros, que contemplamos este misterio, nos envía en medio de la vida de la gente para ser sus testigos, sus misioneros.

            Para todos, la Ascensión es un mensaje de esperanza y de justicia. Esperanza porque si subió la Cabeza, subirán los miembros de su Cuerpo. De justicia, porque al final a las víctimas se les da la razón.

 Ambientación a la Palabra:

A partir de la Pascua los discípulos serán misioneros. El Resucitado les envía para que enseñen a todos los pueblos lo que han visto y oído. Para poder realizar esta misión cuentan con una promesa: la presencia de Jesús que les dice: “yo estoy con vosotros todos los días”. El que ha ascendido a los cielos no abandona a sus discípulos sino que camina junto a ellos, de otro modo.

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que sea sacramento de tu presencia abandonando todo triunfalismo y abajándose hasta hacerse Iglesia pobre de los pobres.
  • Por todos los pastores de la Iglesia, para que se sientan enviados a evangelizar a los pobres. Oremos.
  • Por los que gobiernan los pueblos, para que además de preocuparse por la economía, promuevan valores morales y espirituales.
  • Por todos los creyentes, para que mantengan viva la esperanza del cielo.
  • Por cuantos viven sin más esperanza que el consumo de cada día, para que levanten sus corazones a otros ideales.
  • Por los niños y jóvenes que reciben los sacramentos de la Iniciación cristiana, para que se llenen de la vida de Cristo y de la fuerza del Espíritu.
  • Por todos nosotros, para que seamos luz del mundo y sal de la tierra, dispuestos a transformar los lamentos estériles en solidaridad activa.

 Después de la comunión:

Amantes de la vida,
rebeldes con la causa de los débiles,
tiernos con los frágiles
y duros con los severos.
Profetas ante los poderosos,
sabios que disipan tinieblas,
evangélicos en todo momento.

Un nombre: Jesús.
Una misión: su causa.
Un reto: vivir como Él vivió.
Una pena: nuestras contradicciones y cansancios.

Señor Jesús, tu triunfo es nuestro triunfo;
tu glorificación anuncia la nuestra.
Somos tus testigos: ¡Testigos del Resucitado!