Domingo de la Santísima Trinidad

Terminado el tiempo de Pascua somos invitados a contemplar a nuestro Dios, el Dios Trinitario; “el Dios solo, pero no solitario”. Ese Dios que es el origen y el término de nuestras vidas, a ese Dios que, en su Hijo, se ha hecho hombre como nosotros y se nos ha mostrado como “compasivo y misericordioso”.

En esta celebración de la eucaristía alabemos la grandeza de nuestro Dios y agradezcamos su amor inmenso para con nosotros; y pidamos por los religiosos y religiosas que viven dedicados a la contemplación de Dios.

 

Acto penitencial:

  • Tú, que caminas a nuestro lado y nos acompañas como buen Padre, Señor, ten piedad.
  • Tú, que eres el Señor crucificado que ilumina el camino a recorrer, Cristo, ten piedad.
  • Tú, que eres la fuente de toda vida y nos invitas a poner nuestra vida al servicio de los hermanos, Señor, ten piedad.

 Ambientación a la Palabra:

            Nuestras imágenes de Dios son siempre limitadas, pero la Escritura es reveladora. El libro del Deuteronomio presenta a un Dios creador, cercano, que se da a conocer y que se conmueve ante el dolor de sus hijos. San Pablo, en la carta a los Romanos, afirma que los que creen en Jesús son hijos de Dios y han recibido un Espíritu de libertad. El evangelio nos narra cómo Jesús envía a los discípulos con una triple tarea: dirigirse a todos los pueblos, bautizar y enseñar todo lo que han aprendido de Él.

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que sea una casa donde todos podamos relacionarnos con todos.
  • Por los que viven en situaciones de pobreza y sufrimiento, para que encuentren en nosotros la imagen de Dios compasivo y misericordioso.
  • Por los religiosos y las religiosas que viven dedicados oración y a la contemplación, para que Dios los bendiga y sean para todos nosotros testimonio y estímulo de fe y esperanza.
  • Para que aprendamos del Dios familia a ser con otros: en la familia, en la escuela, el deporte, el trabajo, los medios de comunicación. Oremos
  • Por los que viven alejados de Dios, para que la gracia del Señor y el testimonio de los creyentes les ayuden a encontrar la luz que necesitan para abrirse al Espíritu de Dios.
  • Por todos los cargos públicos, para que sean conscientes de sus promesas y con honradez y generosidad sirvan a los ciudadanos.
  • Por cuantos hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para que no invoquemos el nombre de Dios en vano, sino que acojamos al Dios vivo y a Él sólo adoremos en espíritu y en verdad.

Después de la comunión:

Alabado seas, mi Señor,
por tus criaturas al completo,
porque en ellas habla tu misterio.
Alabado seas, mi Señor,
por los hermanos sol, luna, viento, agua, fuego,
porque como el santo de Asís en ellos percibo tu aliento.
Alabado seas mi Señor,
por los hermanos en paro, en soledad, en encierro,
porque junto a ellos tu mensaje queda manifiesto.
Alabado seas, mi Señor,
por los hermanos justicia, bondad y lo bello,
porque con ellos nos comunicas tu Reino.
Alabado seas, mi Señor,
por querer anunciarnos tu verdad
en tu Hijo Jesús y en tu Espíritu eterno,
en lo escondido y en el silencio.