Domingo de Pentecostés

En esta fiesta de Pentecostés, el Espíritu nos invita a vivir con armonía la diversidad en la unidad, realidad que no en pocas ocasiones nos crea cierto vértigo, tendiendo a hacer de la uniformidad un puerto seguro, tanto hacia fuera de la iglesia como hacia adentro de la misma. Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu, diversidad de ministerios, pero un mismo Señor y diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que actúa todo en todos.

            Celebremos que Dios unifica lo dividido de la humanidad y que cada uno de nosotros con los dones que hemos recibido somos necesarios para el bien común. Con actitud de apertura y gratuidad nos disponemos a participar en esta  celebración.

Rito del perdón:

  • Tú, que llenas nuestro corazón de paz. ¡Señor, ten piedad!
  • Tú, que llenas nuestro corazón de alegría. ¡Cristo, ten piedad!
  • Tú, que llenas nuestro corazón de consuelo. ¡Señor, ten piedad!

Ambientación a la Palabra:

            En la primera lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles, San Pablo, con el símil del cuerpo, nos recuerda que ninguno es suficiente, pero sí todos necesarios. El Espíritu Santo derrama sus dones en cada uno de nosotros, y sólo cuando los ponemos al servicio común, estamos dando fruto. También en la segunda lectura se nos habla de las acciones que provoca en la comunidad la efusión del Espíritu Santo. El evangelio nos recuerda que Jesús, lo primero que hace al mostrarse a los discípulos, es darles la paz y el Espíritu para que sean fieles a la tarea que les encomienda

 Oración de los fieles, respondemos:          “Abre nuestros corazones a tu Espíritu”

  • Por el Papa Francisco, los obispos y todos los miembros de la Iglesia, para que en todos predomine una actitud misericordiosa.
  • Pidamos por la Iglesia, comunidad creyente, para que cada uno, desde la misión que el Señor le encomienda pueda testificar con palabras y obras la presencia de Dios en medio de nuestro mundo.
  • Pedimos por nuestros gobernantes, para que generen procesos de paz, busquen la unión de los pueblos y no sean esclavos de intereses personales.
  • Pidamos por todas las personas que están dando testimonio del Evangelio en medio del mundo, para que el cansancio, la incomprensión y el desánimo no haga mella en ellas, sino que puedan vivir y transmitir la alegría de vivir en Cristo y ser anunciadores de la Buena Oremos.
  • Por todos los laicos, para que conscientes del don del Espíritu que nos has dado, cumplamos responsablemente la misión que la Iglesia nos encomienda. Oremos
  • Por cada uno de nosotros y por nuestras comunidades, para que pongamos nuestros dones al servicio de los demás y tengamos una actitud de comunión que haga presente el Evangelio.

Después de la comunión:

Ahora que el tiempo parece detenido,
ahora que tu presencia es más palpable,
ahora que mi ser desea y anhela,
ahora que me veo necesitado,
yo te pido al estilo humano:

Envía tu Espíritu
sobre mi aridez,
sobre mi fragilidad,
sobre mis miedos,
sobre mi pobreza,
sobre mi cansancio,
sobre mis contradicciones,
sobre mis luchas,
sobre mi impaciencia,
sobre mi frialdad,
sobre mis ansias insaciables,
sobre mi falta de fe…

Envía también tu Espíritu
sobre mis alegrías,
sobre mi esperanza,
sobre mi trabajo,
sobre mis proyectos,
sobre mi familia,
sobre mi campo arado,
sobre mis flores compartidas,
sobre mis ansias de cambio,
sobre mis semillas de vida.

Envía, Señor, tu Espíritu,
que cubra con su sombra
todo lo que soy y tengo,
que queme mis despropósitos
y riegue lo que es brote de tus dones.
Envía, Señor, tu Espíritu