Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos es la puerta de entrada a la Semana Santa. Jesús va a enfrentarse a los momentos más decisivos de su vida. La liturgia de la bendición de los ramos y la procesión nos acercan a la entrada de Jesús a Jerusalén, donde padecerá y morirá. Pero también es un anticipo de la Resurrección.

Hoy aclamamos a Cristo Jesús como Salvador, como  Mesías; los próximos días habrá que acompañarle para descubrir en profundidad su forma de vivir, de entregarse e, incluso, de morir.

Bienvenidos a la celebración.

 Ambientación a la palabra:  

Hoy, la palabra de Dios, nos recuerda los últimos momentos de la vida histórica de Jesús de Nazaret. Quiere destacar, sobre todo, que Jesús que nos había hablado de un Dios que nos ama, de la utopía de un mundo más humano, de acoger y liberar a los que tenían dificultades, no arroja la toalla a última hora, no se vuelve atrás, no se desdice de lo que había anunciado. Jesús es fiel a Dios y a la humanidad.

 Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que siempre sea portadora de misericordia para la humanidad sufriente.
  • Por el Papa, los obispos, los sacerdotes y todas las personas que tienen responsabilidades pastorales, para que esta Semana Santa vivan y ayuden a vivir los misterios centrales de nuestra fe.
  • Por las familias que sufren la enfermedad, la soledad, la injusticia de no tener un trabajo, para que la fe en Jesús ilumine esas situaciones de prueba y debilidad.
  • Por todos los cristianos que ven tambalearse su fe, para que vuelvan a encontrar la luz de Dios que pueda disipar las sombras que se ciernen sobre ellos.
  • Por todos los que sufren violencia en sus vidas, mujeres maltratadas, niños y niñas a los que se les roba la infancia y la inocencia, emigrantes retenidos en las fronteras, para que, contemplando el rostro sufriente y misericordioso de Dios, hecho carne en Jesucristo, puedan llenar su vida de esperanza y consuelo.
  • Por todos nosotros, para que el encuentro con Cristo en la Eucaristía nos renueve interiormente y nos empuje a mostrarnos misericordiosos con los demás.

Después de la comunión:

Sin trompetas ni tambores,
sólo con el grito de los pobres
se despertarán nuestros corazones.
Sin ritos ni disfraces;
solo si atraen y sirven a la gente
te agradarán nuestras celebraciones.
Sin apoyos ni medios materiales;
solo poniendo en común nuestra mochila
superaremos las dificultades.
Sin poder ni ostentación;
solo acompañados por el pueblo pobre
cantaremos en tu honor.
Sin promesas ni penitencias;
solo yendo a la colina de enfrente
participaremos en tu banquete.
Sin marcas ni disfraces;
solo con ramos de olivo
nos quieres en tu séquito.
Sin triunfalismos ni quejas;
solo siguiendo tus huellas
llegaremos a tu Pascua y meta.
Sin normas ni leyes que nos recuerden;
solo viviendo la Pascua
sanaremos, con tu espíritu, cuerpo y roce.