IV DOMINGO ADVIENTO

Ambientación inicial:

            Hoy, cuarto domingo de Adviento, las puertas de la casa están a punto de abrirse por completo y definitivamente. María se hace centro. Es la madre que espera; la madre que ha abierto las puertas de su vida para que Dios actúe, en ella y en la historia, tal como él suele actuar, de manera desconcertante.

            Que esta celebración sea un “sí” como el de María en la Anunciación. Que seamos capaces de decir al Señor: “Hágase en mí según tu palabra”.

Cuarta vela (blanca)

Al encender estas cuatro velas,
en el último domingo de Adviento,
pensamos en ella, la Virgen, la acogedora mujer
que se dejó sorprender, Señor, por tu llamada.
Nadie te esperó con más ansia,
con más ternura, con más amor,
abierta a todas tus sorpresas.
Nadie te recibió con más alegría.
También nosotros queremos prepararnos a sí,
dispuestos a acoger lo nuevo de la vida,
lo inesperado que nos llega  de tu mano,
como se preparó María,
madre de Jesús y madre nuestra.
¡Ven pronto, Señor! ¡Ven a salvarnos!

 Ambientación a la Palabra:

            En el evangelio vamos a escuchar que en Jesús se ha cumplido la promesa hecha a David y que es recogida en la primera de las lecturas: “Tu casa y tu reino durarán por siempre”. En Jesús, en quien se ha cumplido la promesa, según San Pablo, se revela el misterio del plan salvador de Dios. El evangelio nos dirá que María, con su: “sí, hágase, que se cumpla” es la puerta por la que Jesús entra en la carne de la historia.

Oración de los fieles, respondemos:  

“QUE SE HAGA EN NOSOTROS SEGÚN TU PALABRA”

  • Para que las comunidades eclesiales estemos preparadas para acoger la presencia de la Buena Oremos.
  • Para que nuestras casas estén abiertas para acoger a todos aquellos que vengan a buscarnos.
  • Pedimos por todas las personas que como María, se dejan hacer por el Espíritu, y colaboran en hacer un mundo donde sea posible la alegre presencia del Evangelio.
  • Para que todas las personas que celebramos la Navidad estemos dispuestas a celebrar la vida en todos sus aspectos.
  • Para que esta comunidad esté inquieta y vigilante ante las personas que nos necesitan.
  • Para que no convirtamos la Navidad en simples fiestas de invierno, sino que el motivo de fiesta sea la llegada del Señor.

Después de la comunión:

Que tu Espíritu, Señor, nos acompañe
en todo momento y circunstancia
para que nuestros labios y nuestro corazón
te anuncien con alegría y ternura
como la buena noticia de la liberación
en este mundo que anhela y busca.
Tú estás con nosotros, ¡y estamos alegres!