Domingo VI del Tiempo Ordinario C

Ambientación inicial:

Un domingo más, sed bienvenidos a la casa de Dios. Como cuando se va a casa de los padres, nos reunimos toda la familia para compartir los buenos y malos momentos de la semana, alimentarnos del amor que nos reúne y   escuchar la Palabra, proclamaremos las bienaventuranzas que nos muestran el camino recto para encontrar la verdadera felicidad. Bienvenidos.

 Rito del perdón:

  • Por pensar más en nosotros mismos y en nuestros intereses que en los de los demás. Señor, ten piedad.
  • Por la veces que caemos en la rutina de actuar por costumbre aun sabiendo que lo estamos haciendo mal. Cristo, ten piedad.
  • Por evitar complicarnos la vida en lugar de seguir con fidelidad el Evangelio. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

En la primera lectura, el profeta Jeremías nos invita a confiar en Dios y no en el parecer de los demás. San Pablo también nos invita a vivir la confianza de que nuestra vida perdurará aun cuando nuestros cuerpos biológicos mueran. Con san Lucas proclamamos las Bienaventuranzas, una exclamación de alegría enormemente sorprendente, ya que presenta como deseables situaciones que humanamente no lo son.

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que sea una Iglesia de los pobres, acogedora, capaz de consolar y ayudar a los desfavorecidos. Roguemos al Señor.
  • Para que, superando la cultura de la indiferencia, cuidemos a los que sufren, en particular a los enfermos y a los marginados. Roguemos al Señor.
  • Para que los emigrantes y refugiados encuentren acogida y respeto en los países a donde llegan. Roguemos al Señor.
  • Para que, saliendo de nosotros mismos, sepamos hacernos prójimos de quienes se encuentran en las periferias de las relaciones humanas y sociales. Roguemos al Señor.
  • Por nosotros, para que aprendamos a convivir y conversar en paz desde nuestras experiencias y posiciones plurales. Roguemos al Señor.
  • Para que un diálogo sincero entre hombres y mujeres de diversas religiones conlleve frutos de paz y justicia. Roguemos al Señor.

 Después de la comunión:

El sabio se contenta con lo que tiene, por eso es rico.
Evita la ambición desmedida, por eso es grande.
Restringe la codicia, por eso es incorruptible.
Desprecia la vana erudición, por eso es sabio.
No se erige en maestro de los hombres; por eso es considerado.
No se justifica a si mismo ni se engaña; por eso llega lejos.
Protege lo indefenso, levanta lo abatido.
Ilumina lo oscuro, clarifica lo confuso.
Alimenta al desnutrido, fortalece lo débil.
Suaviza las asperezas, aligera lo pesado.
Concilia lo opuesto, armoniza lo discordante.
Valora lo pequeño, engrandece lo humillado.
Simplifica lo complicado, facilita lo difícil.
Soporta lo tolerable, transige lo permisible.
Trastorna lo establecido, ordena lo caótico.