DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO 2019

Ambientación inicial:

La celebración eucarística de cada domingo es encuentro con la gran comunidad de los creyentes en el Resucitado. Comulgamos a Jesús en la Eucaristía, y escuchamos su palabra viva. Este domingo la palabra de Dios presenta una perspectiva claramente sapiencial. Nos pregunta ¿cómo te sitúas y actúas, como cristiano, en la vida? ¿Sabes responder con “estilo evangélico” a los retos que te presenta este mundo? Bienvenidos.

Rito del perdón:

  • Por las veces que nos creemos mejores que los demás. Señor, ten piedad.
  • Por que nos cuesta aceptar la corrección fraterna de los otros. Cristo, ten piedad.
  • Por no reconocer nuestros errores y permanecer en ellos. Señor, ten piedad.

 Ambientación a la Palabra:

El libro de la Sabiduría nos invita a la prudencia humana, cuidando lo que decimos, siendo prudentes en lo comentamos. San Pablo, en la segunda lectura,  afirma que estamos llamados a participar de la victoria de Cristo que nos reviste de inmortalidad. En el evangelio, San Lucas recoge una serie de dichos populares que enseñan a estar en la vida.

Oración de os fieles:

  • Por la Iglesia, para que crezca en comunión y colaboración entre las diferentes corrientes, sensibilidades religiosas y carismas. Roguemos al Señor.
  • Para que los periodistas, en el ejercicio de su profesión, estén siempre movidos por el respeto a la verdad y al sentido ético. Roguemos al Señor.
  • Para que en todos los países de mundo las mujeres sean respetadas y valoradas en su contribución a la sociedad. Roguemos al Señor.
  • Por los que tienen la misión de educar, para que lo hagan siempre pensando en el bien de los demás. Roguemos al Señor.
  • Por los catequistas, para que den testimonio lúcido y coherente de la fe que anuncian. Roguemos al Señor.
  • Para que todos aprendamos a respetar y cuidar la creación como don de Dios, para nosotros y las generaciones futuras. Roguemos al Señor.

 Después de la comunión:

Ayúdame, Señor, a mirar como Tú miras,
con ojos claros y limpios,
comprendiendo siempre al hermano:
coherencia.

A almacenar  bondad en el corazón,
a cultivar una solidaridad real
y sentir que nos desborda el bien:
coherencia.

A admitir la pequeñez y los fallos propios,
a quitar pronto la viga de nuestro ojo,
a no humillar al hermano
por no ser  como nosotros:
coherencia.

A poner por obra tus palabras,
a hablar con el lenguaje de los hechos,
a olvidarme de máscaras y apariencias:
coherencia.

Coherencia, Señor,
de un aprendiz de discípulo
que a veces se atreve
a tenerte por maestro.