Domingo X del Tiempo Ordinario

En este décimo domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra nos plantea una pregunta: ¿necesito a Dios?, ¿puedo desplazar a Dios de mi vida, de la sociedad, del mundo? Si así fuera, ¿sería feliz?

La repuesta nos la da Jesús: Dios, Padre de todos, nos desea lo mejor y que formemos una gran familia, a la que se pertenece no por vínculos de sangre, sino porque uno elige pertenecer a ella y acepta vivir como vivió Él.

Dispongámonos a dar gracias a Dios y a renovar nuestro compromiso de crear fraternidad. Bienvenidos.

Rito del perdón:

  • Tú que perdonas porque no llevas cuenta del mal. Señor, ten piedad.
  • Tú que eres fuente de amor y misericordia. Cristo, ten piedad.
  • Tú que escuchas las súplicas e un corazón arrepentido. Señor, ten piedad.

 Ambientación a la Palabra:

            El libro del Génesis, siempre difícil de entender, presenta verdades que permanecen: el ser humano sigue retando a Dios y quiere ser como Él. San Pablo nos recordará que somos plenamente personas cuando creemos y cuando tenemos esperanza. El Evangelio nos dice que el verdadero discípulo de Jesús comparte con él su lucha contra el mal y pone la obediencia a la Palabra por encima de las demás cosas.

 Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, llamada a ser servidora de los más necesitados, para que lo haga de forma humilde y misericordiosa. Roguemos al Señor.
  • Por las personas que se cierran a Dios, para que un día escuchen su voz y la cojan con humildad. Roguemos al Señor.
  • Por nuestras autoridades, para que en su acción política prime el bien del pueblo, en especial de los más débiles. Roguemos al Señor.
  • Por todos los pobres, necesitados, cansados, apartados, desterrados. Por todos los que no viven en condiciones humanas. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que tienen una fe débil, para que encuentren en la comunidad el lugar donde fortalecerla. Roguemos al Señor.

 Después de la comunión:

Mis padres me enseñaron a rezar.
Mis compañeros a dudar.
Mis profesores a argumentar.
Mis años a cuestionar.
¿Acaso puedo ser moderno y creyente?
¿Cómo decir, hoy, que soy religioso?
¿No debo dar un portazo a la fe?
¿No debo avanzar hacia el no creer?
En mis orígenes una fe infantil, inmadura, torpe, insegura.
Hoy una fe cuestionada,
endurecida, postergada.
En mi horizonte ¿cabe Dios?
En mis proyectos ¿entra Dios?

En mis razones ¿cuento con Dios?
Como nuevo Adán, reto a Dios.
Los años pesan, la vida pasa;
Las incertidumbres no se despejan;
Como un rumor que no cesa,
El nombre de Dios regresa.
¿Por qué no volver
a la verdad de mis padres?
¿Por qué no rezar, humilde,
como ellos me enseñaron?
Ante ti, buen Dios,
presento mi vida,
para que seas Tú
quien la colme, en tu paz”.