Domingo XI Tiempo Ordinario

Ambientación inicial:

Bienvenidos a la celebración de la Eucaristía. El domingo es el día en que la comunidad cristiana hace memoria de Cristo resucitado, escucha su Palabra y celebra la Eucaristía. Queremos vivir tras las huellas de Jesús y dejar que su Palabra transforme nuestra vida. Nos congregamos en su nombre. Que su semilla de amor y esperanza germine en nuestra vida y demos fruto abundante.

 Rito del perdón:

– Tú que tienes el corazón lleno de bondad, ¡Señor, ten piedad!
– Tú confías en nuestro arrepentimiento y conversión de corazón, ¡Cristo, ten piedad!
– Tú que nos regalas la fuerza del Espíritu para que fortalezca nuestra debilidad,  ¡Señor, ten piedad!

 Ambientación a la Palabra:

Dios se ha comprometido con nosotros y nunca nos va a dejar solos. Él nos da su Palabra y nos muestra su proyecto que se hace realidad en nuestra vida. Él multiplica las buenas obras y hace germinar nuestro compromiso por la justicia y el amor. Dios nos invita a ser sembradores y Él asegura el crecimiento. Dispongámonos a escuchar su Palabra.

Oración de los fieles:

  • Por las comunidades cristianas que sufren en debilidad y son perseguidas en distintos lugares del mundo. Roguemos al Señor.
  • Por las empequeñecidas y envejecidas comunidades cristianas rurales, para que sean atendidas con cercanía y esperanza. Roguemos al Señor.
  • Por todas las minorías del mundo para que se sientan cómodas y reconocidas en medio de las masas dominantes. Roguemos al Señor.
  • Por los más pequeños entre nosotros, los niños sin afecto, los jóvenes descartados y los ancianos olvidados. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial y por cada uno de nosotros, que hemos sido llamados a sembrar el bien en la vida del mundo. Que Jesús nos enseñe a ser generosos y gratuitos. Roguemos al Señor.

 Después de la comunión:

No dejes de confiar en ti mismo
y en los dones que la vida te regaló
y te regala cada mañana que ves la luz.

No dejes de confiar en tus capacidades,
en tu inteligencia, en tu amor,
en tu fortaleza para vivir, sufrir
y levantarte, otra vez, del suelo.

No dejes de confiar en la gente buena,
los que no te buscan por egoísmo,
los que hablan bien de los demás,
los que no hablan mal de nadie,
los que casi  nunca se ofenden,
los que pasan página y olvidan,
los dispuestos a arremangarse para servir,
los que luchan por todo lo que es justo y bueno,
y los que te quieren, así como eres.

No dejes de confiar en Dios,
el Dios que te soñó y te hizo vivir.
El Dios que te acompaña siempre,
en todas las horas de tus días.
El Dios que te levanta  del suelo
te abraza y te sana las heridas.