Domingo XII del Tiempo Ordinario A

El evangelio de Mateo podríamos decir que es el “manual” del discípulo de Cristo, pero al discípulo se le forma para la misión, para anunciar  el Reino de Dios. En la formación para la misión no hay normas prácticas, sólo podemos aprender las actitudes de Jesús misionero, y la enseñanza de hoy es muy clara: Ante las dificultades de la misma misión “NO TENGÁIS MIEDO”.
Bienvenidos a la celebración.

Rito del perdón:

  • Por nuestros miedos, nuestras cobardías, nuestra pereza para anunciar el Evangelio. Señor, ten piedad.
  • Porque las veces que nos despreocupamos de la misión y abandonamos nuestro compromiso de anunciar la presencia del Reino. Cristo, ten piedad.
  • Porque pretendemos ser discípulos sin ser misioneros. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

La primera lectura, pone de manifiesto la oposición de las gentes al profeta, al misionero. Es la oposición que experimentará Jesús de Nazaret en el anuncio del Reino y que le llevará a la Cruz. Pero ante esa oposición la fuerza de Dios está con el misionero pues es Dios mismo quien dirige la misión: “El Señor está conmigo como héroe poderoso”.

Lectura del libro de Jeremías.

DIJO Jeremías:
Oía la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Salmo responsorial Sal 68, 8.10.14 y 17.33-35
R/.   Señor, que me escuche tu gran bondad.
        V/.   Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre.
Porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.   R/.
        V/.   Pero mi oración se dirige a ti,
Señor, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.   R/.
        V/.   Miradlo, los humildes, y alegraos;
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas.   R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

HERMANOS:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.
V/.   El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí —dice el Señor—;
        y vosotros daréis testimonio.   R/.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Oración de los fieles:
  • Por la Iglesia, para que sea siempre un espacio de acogida para los hombres y mujeres que buscan y trabajan por un mundo sin miedos. Roguemos al Señor.
  • Por los que tienen el poder en el mundo, para que sepan construir una sociedad más justa, fraterna y respetuosa con el medio natural. Roguemos al Señor.
  • Por todos los hombres y mujeres que han entregado su vida a la misión en los países más lejanos y las situaciones más difíciles. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que tienen miedos dentro del corazón, por los que se sienten inseguros, bloqueados, desorientados, para que reencuentren el sentido profundo de sus vidas. Roguemos al Señor.
  • Por todos los enfermos y sus familiares, para que recuperen la esperanza y la fe en una vida mejor. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial reunida aquí para celebrar que somos enviados por Dios para anunciar sin miedo un mensaje de esperanza. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

No tengas miedo
a los que amenazan,
a los que hieren,
a los que dañan la dignidad
y matan el cuerpo
pero no pueden quitarte la vida.

No tengas miedo
a los que ocultan la verdad,
la manipulan,
la dosifican y la venden.

Rebélate,
manifiesta en todos los sitios,
en todo momento,
a tiempo y a destiempo,
tu fe en la vida
y en la hermandad,
adquirida al abrigo del Padre,
al lado de Jesús,
a la sombra del Espíritu,
en el seno de la comunidad.

Haz de esa fe
un gozo personal diario,
un estandarte de libertad,
una fuente de vida,
un banquete compartido,
una canción de esperanza,
tu reivindicación más sentida.