Domingo XIII del Tiempo Ordinario

Ambientación inicial:

Jesús comienza el largo y difícil camino que va desde Galilea a Jerusalén. Es el símbolo de toda su vida entregada, hasta la cruz y la resurrección. Son pocos los que le entienden, bastantes los que le rechazan y no pocos los que lo abandonan porque seguirle es exigente. Hoy también sucede esto. Preferimos un cristianismo a nuestra medida que el seguimiento que toma en serio a Jesús.

Dispongámonos a celebrar la eucaristía sin miedo a escuchar dentro de nosotros su llamada: “sígueme”.

 Ambientación a la Palabra:

Seguir a Jesús no es fácil, requiere del discípulo una opción. Seguir a Jesús es una exigencia de cada día. La Palabra que hoy escuchamos nos sitúa ante tres exigencias: dejar todo por el Señor, como Eliseo; dejarnos conducir por el Espíritu; y no mirar hacia atrás una vez hayamos iniciado el camino del seguimiento.

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que el camino que promueve el Papa no se vea torpedeado por el peso de las viejas tradiciones que muchas veces esconden el miedo al futuro y a la libertad. Roguemos al Señor.
  • Para que desaparezcan del mundo todos los fanatismos religiosos que crean terror en nombre de un Dios falsamente justiciero. Roguemos al Señor.
  • Para que la evangelización del mundo la realicemos siempre como una propuesta que se ofrece como Buena Noticia, desde y para la libertad. Roguemos al Señor.
  • Para que eliminemos de nuestros corazones la intransigencia y la intolerancia con quienes no son o no piensan como nosotros. Roguemos al Señor.
  • Pedimos para que surjan jóvenes capaces de escuchar la llamada al seguimiento de Jesús y desoigan las voces que les presentan dudas y excusas interesadas. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad, para que tenga presentes a los más olvidados y actúe hacia ellos con entrañas de misericordia. Roguemos al señor.

 Después de la comunión:

Cómo no seguirte, Jesús,
si eres tú lo mejor que he conocido.
Cómo no seguirte,
si llevo grabado tu nombre
en mi corazón y en mi mente.
Cómo no seguirte, Jesús,
aunque sea en la distancia,
con frialdad y a regañadientes.
Cómo no seguirte,
si eres tú la mano que me acaricia
y el perdón que me levanta.
Cómo no seguirte, Jesús,
si te veo ir delante del pueblo
levantando a los caídos,
y sanando las heridas.
Eres tú quien
cada mañana y cada tarde
me llamas y me invitas: sígueme.
¡Cómo no seguirte!