Domingo XIII del Tiempo Ordinario – ciclo A

Un domingo más nos reunimos para partir y compartir el Pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía. Para encontrarnos con Cristo Resucitado en la proclamación de su Palabra y en la fracción del Pan. Este Cristo Resucitado nos invita a seguirlo, a que seamos testigos del Evangelio y anunciadores del Reino con nuestro testimonio de vida.

Seguir a Jesús es seguirle hacia la cruz, es saber tomar con nosotros la cruz de tantos crucificados de nuestro tiempo; es abandonar todo lo que nos impida seguirlo de verdad.

Rito pemnite4ncial:

  • Porque buscamos nuestra comodidad antes que nuestro compromiso de fe. Señor, ten piedad.
  • Porque no queremos seguirte con la radicalidad que nos pides. Cristo, ten piedad.
  • Porque nos da miedo dejarlo todo y tomar tu cruz cada día. Señor, ten piedad. 

Ambientación a la Palabra:

La primera lectura nos presenta al profeta Eliseo como hombre de santidad y hacedor de milagros. San Pablo, en la carta a los Romanos, nos recuerda que el bautismo nos incorpora al misterio pascual (muerte y resurrección) de Cristo, que tiene como consecuencia morir al pecado para andar en una vida nueva. Vida que tiene que estar marcada por el seguimiento del Maestro; un seguimiento que ha de ser radical, tomando la cruz de cada día.

Lectura del segundo libro de los Reyes  2 Re 4, 8-11. 14-16a

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.
Ella dijo a su marido:
«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».
Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.
Entonces se preguntó Eliseo:
«¿Qué podemos hacer por ella?».
Respondió Guejazí, su criado:
«Por desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano».
Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.
Eliseo le dijo:
«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».

R/.   Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
 
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.   R/.
 
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh, Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.   R/.
 
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.   R/.
 
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.
Hermanos:
Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
 
Lectura del santo Evangelio según san Mateo Mt 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Oración de los fieles:
  • Por la Iglesia, para que sea casa común, lugar de acogida, de encuentro y de reconciliación. Roguemos al Señor.
  • Por el cuidado de nuestra “casa común”, la naturaleza y nuestro hábitat, para que sepamos disfrutarlo sin estropearlo. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra sociedad, para que sea menos consumista y sepa compartir los bienes con los más necesitados. Roguemos al Señor.
  • Por todas las familias, para que dediquemos tiempo al encuentro y al diálogo y valoremos los espacios comunes de relación e intercambio. Roguemos al Señor.
  • Por los inmigrantes y refugiados, para que estemos dispuestos siempre a ayudarles y protegerles en una tierra extraña para ellos. Roguemos al Señor.
  • Por todos los enfermos y sus familiares, para que recuperen la esperanza y la fe en una vida mejor. Roguemos al Señor.
  • Por los difuntos de nuestra comunidad, para que el señor los tenga en la gloria. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad, para que ayude a sus miembros a crecer en la fe y en le compromiso solidario con de cerca y los de lejos. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Y yo le dije:
No hay dicha para mí fuera de Ti.
Yo no rindo culto a las estrellas de cine ni a los líderes políticos
y no adoro dictadores.

No estamos suscritos a sus periódicos
ni inscritos a sus partidos,
ni hablamos con slogans,
ni seguimos sus consignas.

No escuchamos sus programas
ni creemos sus anuncios.
No nos vestimos con sus modas,
no compramos su productos.

El Señor es mi parcela de tierra
en la Tierra Prometida.
Me tocó en suerte bella tierra
en la repartición agraria
de la Tierra Prometida.
Siempre estás Tú delante de mí
y saltan de alegría todas mis glándulas.
Aun de noche, mientras duermo,
y aun en el subconsciente
¡Te bendigo!