DOMINGO XV

Ambientación inicial:

Acudimos a la celebración dominical con nuestra vida llena de cosas y de actividades que ocupan nuestro tiempo y el espacio en el que nos movemos. ¿Dónde va a caer la Palabra que el Señor quiere depositar en nuestro corazón?

Dispongámonos a llenarnos de la Palabra de Dios y de su misma vida para que la nuestra tenga verdadero sentido poniéndola al servicio, desde la comunidad cristiana, de las personas más desfavorecidas y débiles. Bienvenidos.

Rito del perdón:

Porque pretendemos dar mucho fruto trabajando poco. Señor, ten piedad.
Porque intentamos controlar lo que otros están sembrando. Cristo, ten piedad.
Porque nos olvidamos de que eres Tú el que siempre da el crecimiento. Señor, ten piedad.

Ambientación a las lecturas:

Isaías pone de relieve, en la primera lectura, que Dios, es un Dios que habla, que se dirige mediante su palabra al pueblo, que esta palabra suya no se acabará y es eficaz.  Pablo en la carta a los Romanos, contrapone el sufrimiento del tiempo presente a la gloria que un día será revelada a los que creen en Jesús. En la parábola que escucharemos en el Evangelio, destacan dos elementos: el primero nos dice quién es Dios y el segundo nos pregunta de quiénes somos nosotros.

Oración de los fieles:

Por la Iglesia misionera, para que la semilla que ha lanzado caiga en buena tierra y fructifique en palabras y obras. Roguemos al Señor.

Por nuestra sociedad, en gran parte una tierra baldía, reseca o cubierta de zarzas y espinos, para que la Palabra traspase las dificultades y haga brotar en todos la inquietud por la pervivencia del planeta y la vida de las futuras generaciones. Roguemos al Señor.

Por los educadores, creyentes o no, para que promuevan en los alumnos valores plenamente humanos, que sirvan de base para que brote una nueva sociedad. Roguemos al Señor.

Por todos los cristianos, para que hagamos de la vida una entrega a las causas nobles y justas de los hermanos. Roguemos al Señor.

Por nosotros, que hemos venido a celebrar la eucaristía, para que abramos los oídos y salvemos la rutina al escuchar la proclamación de la Palabra de Dios. Roguemos al Señor.

Por nosotros enviados a anunciar el evangelio en nuestro entorno, para que tomemos conciencia de nuestra responsabilidad. Roguemos al Señor

Después de la comunión:

Si me llamas
te seguiré sin dudar
aunque el camino sea desconocido y duro.

Si me hablas,
callaré y creeré en Ti
aunque tu voz destroce mis planes y sueños.

Si quieres podarme,
me dejaré podar
aunque mi savia se desparrame en tierra sin nombre.

Si me acrisolas al fuego,
me dejaré purificar
aunque pulverices mis deseos y posesiones.

Si me invitas,
entraré en tu casa y en tu corazón
aunque sea pobre y mendigo.

Si me quieres contigo,
iré a donde quieras,
aunque no me gusten leyes y obediencias.

Y si me miras con amor,
intentaré acoger tus anhelos
aunque los mimbres e mi ser no sirvan para ello

                                  (Florentino Ulibarri)