DOMINGO XVI

Ambientación inicial:

            Bienvenidos a la celebración de la Eucaristía. Como hijos de Dios necesitamos su Palabra, su Presencia y Entrega, que siempre renueva nuestra fe y confianza, y que nos envía de nuevo, sin cansancios ni excusas, a la vida de  cada día. A la vida para ser testigos del Amor, del Perdón y de la Misericordia. Para que el mundo sea espacio de plenitud, de encuentro humano, de relación. Llénanos, Señor, de tu Amor y haznos testigos de él.

 

Rito del perdón:

– Por las veces que en vez de escuchar al Buen Pastor seguimos voces que nos ocultan la necesidad de los hermanos. Señor, ten piedad.

– Por confiar en nuestras seguridades, olvidando que el Espíritu nos ayuda. Cristo, ten piedad.

– Por las veces que nos pueden las prisas, y queremos arrancar juntos el trigo y la cizaña. Señor, ten piedad.

 

Ambientación a la Palabra:

            La Palabra es el mismo Dios que llega a todos para que lo acojamos. Dichosos los que escuchan la Palabra y la cumplen en su vida, dijo un día Jesús. Queremos llenarnos de este Dios que da su Amor a todos -no es parcial, ni hace diferencias-; que nos acoge y da la fuerza en la debilidad, y que quiere que manifestemos su grandeza en la ayuda a todos sus hijos.

 

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que sepa reconocer sin miedo la cizaña que existe en su interior y sepa practicar el difícil arte de unir justicia y misericordia, rectitud y tolerancia. Roguemos al Señor.
  • Por nuestro mundo, donde con tanta fuerza crece la cizaña del egoísmo, la intolerancia y la guerra, para que el diálogo triunfe sobre la violencia, la verdad sobre la mentira y la honradez sobre la corrupción. Roguemos al Señor.
  • Por todas las personas que en medio de nosotros, se muestran intolerantes y fanáticos, para que algún día triunfe en ellos la mirada de la sensatez. Roguemos al Señor.
  • Por nosotros para que sepamos descubrir y reconocer la cizaña que llevamos dentro y trabajemos por eliminarla de nuestro corazón. Roguemos al Señor.
  • Para que desde el evangelio aprendamos el arte de la no violencia activa y venzamos siempre el mal a base de bien. Roguemos al Señor.

 

Después de la comunión     

Mándanos, Señor, tu Espíritu.
Que nos transforme, que nos haga cada día mejores,
que aparte de nosotros todo mal y toda cizaña.

Haznos, Señor, de los tuyos.
Que desde el silencio, con entrega y constancia,
seamos el grano de mostaza,
pequeños pero lanzados a crecer
hasta que los hermanos puedan apoyarse en nosotros.

Haznos ser, Señor, como la levadura de la masa,
que casi no se note lo que hagamos,
pero que sea suficiente para ayudar a otros
a crecer y a dar frutos de bien y de verdad.