Domingo XVII Tiempo Ordinario

Ambientación inicial:

En medio de este tiempo que, para muchos, es tiempo de descanso, la liturgia de la Iglesia nos ofrece unas pistas que pueden ayudarnos a realizar una actividad básica para la vida cristiana. Esa actividad se llama y es oración. Conviene abrir los oídos y, especialmente, el corazón para poder percibir cómo ora nuestro padre Abrahán y cómo oraba nuestro Señor Jesucristo.

Dispongámonos a vivir este momento de relación con el Padre que está atento a nuestras necesidades y a las de todos sus hijos e hijas.

 Ambientación a la Palabra:

El libro del Génesis nos recuerda  que la justicia de Dios se manifiesta no en el exterminio de los culpables sino en el amor y el perdón por los inocentes. San Pablo, en la carta a los Colosenses, afirma que el anuncio cristiano no puede desconocer o difuminar lo que constituye su núcleo central: Dios en la cruz de Cristo nos perdona y nos da la vida. En el evangelio, Jesús nos dice que nos dirijamos a Dios como Padre, que siempre nos escucha y nos da lo que nos conviene, no lo que nos apetece, porque siempre nos da la fuerza de su Espíritu.

Lectura del libro del Génesis.

EN aquellos días, el Señor dijo:
«El clamor contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la queja llegada a mí; y si no, lo sabré».
Los hombres se volvieron de allí y se dirigieron a Sodoma, mientras Abrahán seguía en pie ante el Señor.
Abrahán se acercó y le dijo:
«¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?».
El Señor contestó:
«Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos».
Abrahán respondió:
«Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza! Y si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?».
Respondió el Señor:
«No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco».
Abrahán insistió:
«Quizá no se encuentren más que cuarenta».
Él dijo:
«En atención a los cuarenta, no lo haré».
Abrahán siguió hablando:
«Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?».
Él contestó:
«No lo haré, si encuentro allí treinta».
Insistió Abrahán:
«Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran allí veinte?».
Respondió el Señor:
«En atención a los veinte, no la destruiré».
Abrahán continuó:
«Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?».
Contestó el Señor:
«En atención a los diez, no la destruiré».

R/.   Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor.
        V/.   Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti;
me postraré hacia tu santuario.   R/.
        V/.   Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
                acreciste el valor en mi alma.   R/.
        V/.   El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.
Cuando camino entre peligros, me conservas la vida;
extiendes tu mano contra la ira de mi enemigo.   R/.
V/.   Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.   R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses.
HERMANOS:
Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con él, por la fe en la fuerza de Dios que lo resucitó de los muertos.
Y a vosotros, que estabais muertos por vuestros pecados y la incircuncisión de vuestra carne, os vivificó con él.
Canceló la nota de cargo que nos condenaba con sus cláusulas contrarias a nosotros; la quitó de en medio, clavándola en la cruz.
R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.
V/.   Habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción,
en el que clamamos: «¡Abba”, Padre!».   R/.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
Él les dijo:
«Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”».
Y les dijo:
«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:
“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde:
“No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?».

Oración e los fieles:

  • Por la Iglesia, para que sea signo de misericordia a lo largo y ancho de nuestro mundo. Roguemos al Señor.
  • Para que la fe común en la persona de Jesucristo, que profesamos todas las Iglesias y Comunidades cristianas, estreche nuestros lazos de amistad y de cooperación. Roguemos al Señor.
  • Por los jefes de los gobiernos para que se comprometan con la erradicación del hambre, la pobreza, las guerras y todas las injusticias. Roguemos al Señor.
  • Pedimos por las personas, cristianas o no, que envueltas en las prisas, no dan sentido profundo a sus vidas. Roguemos al Señor.
  • Para que las oraciones de nuestra comunidad sean también un sincero compromiso para solucionar los problemas. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Padre, mío, me abandono a Ti.
Haz de mi lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo, lo acepto todo.
Con tal que tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas.
No deseo nada más, Padre.
Pongo mi vida en tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.