DOMINGO XVII

Ambientación inicial:

            Acabando el mes de julio nos seguimos reuniendo para celebrar el día del Señor. La Eucaristía dominical es una bocanada de aire suave y fresco. Es un estímulo para que estemos atentos, para que en las cosas de la fe no bajemos la guardia por el ritmo de vida distinto en estos meses de verano. Dios sigue esperándonos cada día. Nos disponemos a vivir con alegría y profundidad esta Eucaristía.

 Rito del perdón:

Por todas las veces que hemos elegido hacer el mal. Señor, ten piedad.
Por nuestros juicios severos y sin misericordia hacia otras personas. Cristo, ten piedad.
Porque a veces nos olvidamos de rezar y cultivar nuestra intimidad contigo. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

             Salomón pidió a Dios un corazón atento para saber discernir el bien y el mal. Pablo nos dirá que a los que aman todo les sirve para el bien. Y el evangelio nos hablará de que por elegir el Reino de los Cielos uno es capaz de hacer cualquier cosa. Se trata de elegir, de distinguir, de discernir. De quedarnos con lo bueno y dejar lo malo. Lo bueno es, naturalmente, Jesús y su Reino. Escuchemos atentamente.

Oración de los fieles:

Por la Iglesia, para que sepa mostrar la Buena Noticia del Evangelio como un auténtico tesoro para la humanidad. Roguemos al Señor.

Por los responsables de la economía, para que no se queden en el simple progreso material, sino que busquen satisfacer las más hondas necesidades de las personas. Roguemos al Señor.

Por los que se refugian en espiritualidades intranscendentes, para que logren salir de sí mismos y descubran el Reino de Dios en los demás. Roguemos al Señor.

Por quienes buscan sin encontrar, para que no desfallezcan en su búsqueda y un día encuentren de verdad su “tesoro”. Roguemos al Señor.

Por los que carecen de lo necesario para vivir, para que sean la voz permanente de nuestra conciencia que nos haga salir de nosotros mismos en búsqueda del tesoro del Reino. Roguemos al Señor.

 Después de la comunión

Marinero que te afanas
noche y día en alta mar,
echa la red barredera
para pescar…
Cuando lleguemos a puerto
y empiece la eternidad,
importan las obras buenas,
sobra la mediocridad.