Domingo XXV del Tiempo Ordinacio – C

Ambientación inicial:

Bienvenidos un domingo más a la celebración de la Eucaristía. Hoy escucharemos que la Palabra de Dios nos habla de ricos, pobres, administradores, explotadores… y el dinero. Esa arma que provoca todo tipo de violencia y que puede llegar a dividir a las familias más unidas. Será importante que estemos atentos para comprender la enseñanza que Dios nos quiere transmitir sobre estos temas.

Con el corazón bien dispuesto, iniciemos con alegría la celebración del Banquete al que el Señor nos he invitado.

Rito del perdón:

  • Por las veces que hemos humillado o engañado a alguna persona. Señor, ten piedad.
  • Porque a veces vivimos muy pendientes del dinero, del tener más, y se nos olvidan las cosas importantes de la vida. Cristo, ten piedad.
  • Por todas las veces que no hemos sido fieles en las pequeñas cosas y hemos fallado. Señor, ten piedad.

Ambientación a la palabra

En la primera lectura, el profeta Amós denuncia las injusticias de los poderosos y presenta a un Dios que se ha puesto de parte de los que son objeto de esas injusticias. El evangelio nos pone en guardia sobre una serie de actitudes que no pueden tener cabida en la vida del cristiano si quiere llevar el título de hijo de la luz. El apóstol Pablo nos recordará que además de obrar, es necesario orar en toda ocasión por los que rigen los destinos de los pueblos y para que la Buena Noticia llegue a todas las gentes.

Oración de los fieles:

  • Por el Papa Francisco, por nuestro Obispo Carlos, por todos los sacerdotes, para que sirvan con amor y eficacia al pueblo a ellos encomendado. Roguemos al Señor.
  • Pedimos por los organismos internacionales que gestionan el bien común, para que, con intervenciones eficaces, promuevan un desarrollo sostenible, prestando una atención preferente a los países más pobres. Roguemos al Señor.
  • Por los que viven el seguimiento de Cristo de manera rutinaria y no comprometida, para que Dios les ilumine y superen esa situación con gestos concretos de conversión. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial, para que iniciemos el curso con ilusión y asumamos el compromiso de poner los carismas, que Dios nos ha dado, al servicio de los demás. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros, para que la Palabra de Dios nos haga conocer la situación real en la que cada uno nos encontramos y nos aliente a tomar decisiones concretas para superar la mediocridad. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Nadie puede servir a dos señores
ni tener dos amores.
Nadie puede tener dos amos a la vez
y a los dos complacer.
La amistad por apariencia;
la prudencia cuando es miedo;
la bondad por apariencia;
la fe por el qué dirán;
el amor por la rutina;
los favores por dinero;
son el más claro sendero
que aleja de la verdad.