Domingo XXVII del Tiempo Ordinario C

Ambientación inicial:

Un domingo más nos disponemos a compartir en comunidad un tiempo de oración, de celebración y de amistad con Jesús. Es una alegría poder reunirnos de nuevo y profundizar en nuestra vida de fe y compromiso; sabiendo que, en el seguimiento de Jesús de Nazaret, cada día es nuevo, porque Él hace nuevas todas las cosas.

Dejemos que su palabra penetre en nuestro interior y avive nuestra fe. Bienvenidos.

Acto penitencial:

  • Señor, auméntanos la fe. Señor, ten piedad.
  • Señor, ayúdanos a crecer en el amor. Cristo, ten piedad.
  • Señor, sostén en nosotros la esperanza. Señor, ten piedad.

Ambientación a la palabra:

El profeta Habacuc, en la primera lectura, nos invita  a confiar en el Dios que siempre está ahí, alentando nuestra capacidad para la bondad, en medio del horror, y para tomar  partido por la justicia. La segunda lectura nos sigue presentando los pilares de la vida de fe de los seguidores de Jesús. El evangelio une dos enseñanzas diferentes sobre Jesús: una sobre la fe y otra sobre el servicio a favor del Reino de Dios.

Oración de los fieles:

  • Para que escuchemos la voz de Dios donde realmente se escucha, en el dolor y el sufrimiento, e intentemos ponerle remedio en la medida de nuestras posibilidades. Roguemos la Señor.
  • Para que no se nos endurezca el corazón, sino que trabajemos por el bien de los demás desde la ternura, la misericordia y la compasión. Roguemos al Señor.
  • Para que no nos puedan los miedos y temores sino que vivamos con la confianza puesta en el Señor. Roguemos al Señor.
  • Pidamos por los pequeños problemas que cada uno de nosotros trae en el corazón en este momento y encontremos para ellos una solución. Roguemos al señor.
  • Pedimos por las personas concretas, con rostros y figuras concretas, que sabemos que lo están pasando mal. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial, para que empecemos este nuevo curso con ilusión y nos sirva para crecer en fe, en esperanza y servicio generoso. Roguemos al Señor.

 Después de la comunión:

Ya estés fatigado o no, no te sientes.
No ceses en tu lucha solitaria.
Sigue adelante y no descanses.
Caminarás por senderos confusos y enmarañados,
y sólo salvarás algunas vidas tristes.
No pierdas la fe, no descanses.
Tu propia vida se agotará y anulará,
y habrá crecientes peligros en la jornada.
Soporta todas estas cargas y no descanses.
Salta sobre tus dificultades,
aunque sean más altas que las montañas,
y aunque más allá sólo haya campos secos y desnudos.
Tú, no descanses.
Procura descanso a los demás.