DOMINGO XXVIII

Ambientación inicial:

Dios quiere hacernos partícipes de un gran banquete, invitarnos a una gran fiesta. La invitación es para todos, pero es necesario dejar que la invitación resuene en el corazón y en la mente y que acudamos con el traje de fiesta.

Con actitud agradecida y llenos de alegría, bendigamos a Dios que nos ha invitado a celebrar, un domingo más, el banquete eucarístico, signo del banquete del Reino.

 Rito del perdón:

  • Porque somos poco agradecidos con Dios y con los demás. Señor, ten piedad.
  • Porque exigimos muchos derechos y asumimos pocas obligaciones. Cristo, ten piedad.
  • Por las veces que sólo buscamos quedar bien ante los demás. Señor, ten piedad.

 Ambientación a la palabra:

El profeta Isaías utiliza la imagen del banquete como símbolo de la unificación de todos los pueblos que buscan al Señor y su salvación; el banquete de la felicidad que está preparado y se ofrece a todos. San Pablo, en la carta a los Filipenses, afirma que todo lo puede en aquel que le conforta, superando todo tipo de penalidades que le ha traído su fidelidad a Cristo. El evangelio presenta la parábola del banquete de bodas, al que todos están invitados, pero no basta con estar, se exige el traje de fiesta.

 Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, comunidad que anuncia el Reino de Dios, para que fiel a la Palabra de Dios, sea misericordiosa y servidora.
  • Por las personas que viven la fe con alegría, para que sepan compartirla y anunciarla sin complejos.
  • Por nuestro mundo, para que sea, de verdad, una mesa y un banquete donde nadie quede excluido de la fiesta de la vida.
  • Por los excluidos, para que comprendan que ellos son los primeros invitados a la fiesta de la vida y luchen por conseguirlo.
  • Por nuestro paíspara que sepa salir de la situación de tensión que vive en estos momentos. Oremos
  • Por nuestras comunidades, para que no pongan excusas a la hora de atender a todos los que se acercan a ellas.
  • Por todos nosotros, para que no vengamos al banquete de la vida sin el traje de fiesta de un corazón abierto, alegre y generoso.

 Después de la comunión:

Un hombre hizo una fiesta,
llamó a muchos amigos,
la mesa estaba puesta
y al fin nadie acudió,
le dieron mil disculpas
cada uno a su manera
despreciando en el fondo
aquella invitación.
Así es la eterna historia
del hombre con su Dios”.