DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO – B

Ambientación inicial:

La Eucaristía es memoria de Jesús. Recordemos de nuevo sus palabras y su vida entregada. Aprendamos de Él que significa amar a Dios y lo que significa amar al prójimo. Descubramos en Él cómo unir el amor a Dios y al prójimo. Demos gracias a Dios por Él, que vive resucitado y que camina siempre a nuestro lado.

Dispongámonos a renovar ese doble compromiso de amor que es la síntesis de la mística cristiana. Bienvenidos.

Rito del perdón:

  • Por las veces que convertimos a Dios en una simple idea. Señor, ten piedad.
  • Por las veces que le convertimos en una simple doctrina. Cristo, ten piedad
  • Por las veces que le sentimos lejano, lejos de la vida de la gente. Señor, ten piedad.

 Ambientación a la Palabra:

El amor a Dios y al prójimo es el mensaje fundamental de este domingo. En la primera lectura escucharemos: “amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”. En el evangelio Jesús añade: “amarás al prójimo como a ti mismo”. Este es el centro de la experiencia cristiana. Aquí está el auténtico culto a Dios.

Oración de los fieles, respondemos: “DANOS TU ESPÍRITU DE AMOR”

  • Por los pastotes de la Iglesia y de las demás religiones, para que hagan una apuesta por el servicio, humilde y entregado, en beneficio de los más pobres, excluidos, emigrantes y refugiados.
  • Pedimos por las personas de buena voluntad, para que no haya barreras entre ellas y la tolerancia, la aceptación y la convivencia hagan posible la paz.
  • Pedimos por los pobres, los enfermos, los fracasados, para que puedan vivir en esperanza su situación.
  • Por todos los cristianos, para que tengan los ojos abiertos para ver los problemas; el corazón abierto a acoger a los que sufren y la manos dispuestas para colaborar en la construcción del Reino.
  • Por todos nosotros, para que seamos una comunidad alegre, abierta, servidora, amiga de la humanidad, peregrina en medio del mundo, buena noticia para los pobres.

 Después de la comunión:

“Ni basta decir: yo creo,
ni basta estar convencido.
A Dios sólo se le encuentra
cuando vamos de camino
y le tendemos la mano
al hombre que está caído”.