DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO

Ambientación inicial:

Bienvenidos a la celebración. Recordamos las palabras de Jesús: “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Jesús está con nosotros, nos acompaña siempre. Dispongámonos a celebrar el sacramento de su presencia y a escuchar su Palabra, que nos recordará que hemos sido constituidos en un pueblo de servidores, en el que todos somos iguales en dignidad.

Rito del perdón:

  • Confesamos nuestra fe con los labios, pero nos cuesta más hacerlo con la vida. Señor, ten piedad.
  • Tendemos a ser cristianos de doble vida. Una, cuando estamos en el templo; y otra, cuando salimos de él. Cristo, ten piedad.
  • Penamos que la fe es creer y afirmar doctrinas, pero tú nos dices que la fe se expresa en la vivencia de la caridad. Señor, ten piedad.

 Ambientación a la Palabra:

En el siglo V antes de Cristo, el profeta Malaquías, criticó duramente a los sacerdotes de su época por su hipocresía y el mal ejemplo que daban con su vida. En el evangelio, Jesús realizará una crítica similar, dirigida a los maestros de la ley y a los fariseos. El contrapunto a estas actitudes lo encontramos en la segunda lectura. En ella vemos el amor del apóstol Pablo por la comunidad cristiana de Tesalónica.

Oración de los fieles:

  • Por el Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos, para que vivan su ministerio desde la honradez, la sencillez, la pobreza, la limpieza de corazón y el servicio desinteresado a todas las comunidades. Roguemos al Señor.
  • Por la Curia de Roma y todas las Curias episcopales, para que atentos a la llamada del Papa, redoblen sus esfuerzos para la necesaria reforma de la Iglesia y no pongan trabas en lo iniciado. Roguemos al Señor.
  • Por todos los agentes de pastoral, para que realicen su misión con verdadera ilusión y entrega, sin desfallecer ante las dificultades de la sociedad en la que vivimos. Roguemos al Señor.
  • Por todos los laicos, para que reaviven el sentido de responsabilidad y participación, sin dejarse amilanar por el clericalismo aún existente en muchas comunidades. Roguemos al Señor.
  • Para que nos veamos todos como iguales en la Iglesia, sin prevalencia de unos sobre otros, hijos de un único Dios, Padre de todos. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

En tu casa,
nadie es más que nadie.

Los cargos no son cargos.
La autoridad no es autoridad.
No hay honores,
no hay dignidades,
no hay méritos,
no hay privilegios.

Aquí el primero es el último,
y el último el primero.

No hay padres,
ni maestros,
ni jefes.
No hay más que un Señor.

Aquí todos somos hermanos
porque sólo Tú eres nuestro Padre,
y nuestro hermano mayor, Jesús.

Aquí aprendemos a lavar los pies.
Aquí venimos a seguir las huellas
de tu hijo Jesús.