Festividad de la Ascensión del Señor

Ambientación inicial:

Después de tantas semanas, volvemos a reunirnos en comunidad. Con actitud agradecida, dispongámonos a celebrar la fiesta del Señor y de sus hijos.

Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión. Dios, el Dios de la vida, el que resucitó a Jesús de entre los muertos, lo ha “ascendido” y lo ha colocado junto a Él, a su derecha. A nosotros, que contemplamos este misterio, nos envía en medio de la vida de la gente para ser sus testigos, sus misioneros.

Para todos, la Ascensión es un mensaje de esperanza y de justicia. Esperanza porque si subió la Cabeza, también subirán los miembros de su Cuerpo. De justicia, porque, al final, a las víctimas se les da la razón.

Rito del perdón:

  • Tú, que has subido al cielo. ¡Señor, ten piedad!
  • Tú, que nos envías a hacer discípulos tuyos de todos los pueblos. ¡Cristo, ten piedad!
  • Tú, que estás con nosotros todos los días. ¡Señor, ten piedad!

Ambientación a la Palabra:

A partir de la Pascua los discípulos serán misioneros. El Resucitado les envía para que enseñen a todos los pueblos lo que han visto y oído. Para poder realizar esta misión cuentan con una promesa: la presencia de Jesús que les dice: “yo estoy con vosotros todos los días”. El que ha ascendido a los cielos no abandona a sus discípulos sino que camina junto a ellos de otro modo.

Oración de los fieles, respondemos: “DANOS, SEÑOR, LA FUERZA DE TU AMOR”

  • Por la Iglesia, para que sea sacramento de tu presencia, abandonando todo triunfalismo y abajándose hasta hacerse Iglesia pobre de los pobres.
  • Por todos los pastores de la Iglesia, para que se sientan enviados a evangelizar a los pobres. Oremos.
  • Por los que gobiernan los pueblos y todos los que tienen autoridad, para que la ejerzan siempre con espíritu de servicio, trabajando por el bien común.
  • Por todos los creyentes, para que mantengan viva la esperanza del cielo.
  • Por cuantos viven sin más esperanza que el consumo de cada día, para que levanten sus corazones a otros ideales.
  • Por todos los enfermos y sus familiares, para que descubran la presencia del Señor que les ayude a superar su situación.
  • Por todos los difuntos, para que donde está la cabeza, Cristo, estén también sus miembros.
  • Por todos nosotros, para que seamos luz del mundo y sal de la tierra, dispuestos a transformar los lamentos estériles en compromiso activo.

Después de la comunión:

Haced discípulos míos, no maestros;
haced personas, no esclavos;
haced caminantes, no jefes.
Haced hermanos.

Haced creyentes, no gente creída;
haced buscadores de verdad,
no amos de certezas;
haced ciudadanos, no extranjeros.
Haced hermanos.

Haced profetas, no cortesanos;
haced gente inquieta, no satisfecha;
haced personas libres, no leguleyos;
haced gente evangélica , no agorera.
Haced hermanos.

Haced sembradores, no coleccionistas;
haced testigos, no inquisidores;
haced amigos de camino, no enemigos.
Haced hermanos.

Haced personas de encuentro,
con entrañas y ternura,
con promesas y esperanzas,
con presencia y paciencia,
con misión y envío.
Haced hermanos.

Haced discípulos míos;
dadles todo lo que os he dado;
descargad vuestra espaldas
y sentíos hermanos.