Festividad del Corpus Christi

Nos disponemos a celebrar el banquete de hermanos en la fiesta del Corpus Christi;  fiesta a la que todos somos invitados: Jesús nos ofrece comer su Cuerpo y beber su Sangre.

En la Eucaristía entramos en comunión con el Señor; recibirlo en nosotros es transformar nuestra vida para vivirla al estilo suyo, de manera que nuestra vida esté cargada de solidaridad, de justicia y de entrega.

Al reunirnos en torno a la mesa de la Eucaristía expresamos nuestro deseo de comunión frente a la exclusión; de integración frente a la marginación; de participación frente  la insolidaridad. Bienvenidos al Banquete.

 

Rito del perdón:

  • Porque estamos en deuda con nuestro prójimo a quien no ayudamos como necesita. Señor, ten piedad.
  • Porque estamos en deuda con el Padre Dios que nos ama mientras que nosotros no cuidamos a sus otros hijos. Señor, ten piedad.
  • Porque estamos en deuda con tanto excluido y explotado de nuestra sociedad, mirando para otro lado. Cristo, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

            En la Eucaristía se renueva la Alianza, la “sangre de la Alianza”, derramada por todos, no sólo por un pueblo. El que participa de la Eucaristía se une a Dios íntimamente y gusta ya, por anticipado, la plenitud del Reino de Dios. La Eucaristía es actualización de la entrega de Cristo, anticipo, anuncio y ofrenda de Gloria.

Oración de los fieles,  RESPONDEMOS: “ENSÉÑANOS A AMAR COMO TÚ”

  • Para que la Iglesia que se alimenta día a día de la Eucaristía crezca en amor y en servicio a todos los que buscan al Dios de la vida. Oremos
  • Para que la caridad vaya siempre de la mano de la justicia y de la paz en todas las instituciones públicas y gobiernos de nuestro mundo. Oremos.
  • Para que la atención y el cuidado de las personas más vulnerables esté por encima de toda discriminación de raza, sexo, religión, ideología o cultura.
  • Por todos los cristianos, para que su estilo de vida, despierte la conciencia solidaria de los demás. Oremos.
  • Por los voluntarios de Cáritas, para que su forma de actuar haga creíble el evangelio de Jesucristo.
  • Por todos nosotros, para que, como animadores en el servicio a la caridad, contribuyamos a un mejor servicio a los más desfavorecidos.

Después de la Comunión:

Señor Jesús, resucitado en este pan bendecido:
Ser persona adulta, es decir, responsable de su vida, no es fácil.
Ser cristiano adulto es estar comprometido con el Evangelio.
Nuestra fe, nuestra confianza en Ti, es pobre;
nuestro esfuerzo por hacer un mundo humano es muy limitado;
nuestro compromiso por la verdad, por la justicia,
por el amor, sobre todo a los más débiles,
por la solidaridad… se queda, con frecuencia, en palabras.
Ayúdanos, Señor, a ser serios en lo que merece la pena:
En el amor comprometido por la vida,
en el trabajo por una sociedad sana,
en la lucha por la dignidad de todos,
en el conocimiento de tu evangelio,
en unirnos para la oración comunitaria,
en alimentarnos con tu Cuerpo y Sangre, con tu vida entera.