I Domingo de Adviento – C

Ambientación (Monitor)

 Comenzamos nuestra celebración dominical con cambios en nuestra iglesia: los colores, la decoración, los signos (Corona de Adviento, vela mural con la palabra de esta semana, “MUÉVETE”)…       Iniciamos hoy el tiempo de preparación a la venida del Señor Jesús, el Adviento. Todo lo que vamos a ir celebrando en estas próximas semanas será anuncio de este recorrido que hacemos hacia “el que viene”, pero también presencia “del que está”; será camino hacia el Señor glorioso y apertura al Señor que se acerca.

Despertemos del sueño y mantengamos una actitud vigilante, llenemos nuestros corazones de esperanza porque  el Señor hace nuevas todas las cosas. Comencemos alegres nuestra celebración gritando: ¡Ven, señor Jesús!

Bendición (Sacerdote)

Vamos a bendecir nuestras coronas de Adviento y encender la primera vela.

Señor Jesús, en este tiempo en que nos preparamos a tu venida queremos que nos muestres el camino con la pequeña luz de estas velas, que iremos encendiendo a  lo largo del Adviento. Te pedimos que nos ilumines, que podamos ver nuestro interior, que nos mantengamos despiertos para ello. Que podamos ver tu presencia en nuestros hermanos.

Bendice, Señor, estas coronas que hemos preparado como signo de esperanza y de apertura. Bendice esta primera vela como espera de los tiempos  nuevos en los que, limpios de nuestros despistes y dejaciones, sepamos abrirnos a tu voluntad, viviendo con tus mismos sentimientos. Por Jesucristo nuestro Señor. (Bendición con agua) Canto

 Rito penitencial:

  • Señor, tú eres el testigo fiel, tú nos abres y nos muestras el camino de la vida. Señor, ten piedad.
  • Cristo, tú eres nuestra verdad y nuestra justicia, tú nos ilusionas y eres nuestra esperanza porque nos enseñas una vida distinta, nueva. Cristo, ten piedad.
  • Señor, tú eres el que es y el que viene, tú estás presente y nos llamas y te acercas y nos salvas. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

La primera lectura del profeta Jeremías está centrada en la desolación del pueblo que ha perdido todo, sin embargo el profeta proclama la bendición de Dios que promete la llegada de un descendiente de David que proclamará la justicia y el derecho. En la segunda lectura, escucharemos cómo Pablo pide a  los tesalonicenses que sigan amándose unos a otros y que ese amor se extienda al mundo entero. También en el evangelio de Lucas, Jesús nos invita a estar preparados, estar vigilantes, para descubrir los signos que nos hablan de su presencia.

Adviento 1

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que sepa proclamar, desde el testimonio comprometido, al que viene: el “Señor-nuestra-justicia”. Roguemos al Señor.
  • Por los gobernantes, para que, “practiquen el derecho y la justicia” con los más débiles y vulnerables como fundamento del bien común. Roguemos al Señor.
  • Por las víctimas de la opresión, la injusticia y la indiferencia de nuestro mundo, para que el Dios de los pequeños sea presencia cálida en sus vidas. Roguemos al Señor.
  • Por todas las personas de buena voluntad, para que sigan creyendo en la Esperanza en un mundo habitable, justo y reconciliado con la creación. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial, para que podamos encontrar la sabiduría que brota del silencio y podamos “practicar la justicia y excedernos en el amor” con las personas descartadas, olvidadas y expulsadas de una vida digna. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Despierta, Señor, nuestros corazones,
que se han dormido en cosas triviales
y ya no tienen fuerza para amar con pasión.
Despierta, Señor, nuestra ilusión,
que se ha apagado  con pobres espejismos
y ya no tiene sueños que esperar.
Despierta, Señor, nuestras ansias de felicidad,
porque nos perdemos en múltiples ocupaciones
y no saboreamos el latido cotidiano del corazón.

Despierta, Señor, nuestra inquietud
y haznos ciudadanos responsables.
Despierta, Señor, la amistad gratuita.
Despierta, Señor tu palabra nueva,
que nos libre de tantos anuncios y promesas
y nos traiga tu claridad evangélica.
Purifícanos por fuera y por dentro,
y enséñanos a vivir despiertos.