II Domingo de Cuaresma

Ambientación inicial:

Nadie llevó a Jesús al desierto; nadie le hizo subir al Tabor y nadie ha hecho que todos los que estamos aquí lo hagamos porque alguien nos ha obligado. El Espíritu es quien nos ha traído hasta esta celebración para que sigamos encontrando, en y con la comunidad de hermanos y hermanas, la luz  y el camino para el seguimiento fiel de Jesús y la fuerza necesaria para seguir construyendo en el mundo su proyecto de Reino.

Vivamos, llenos de gozo, el encuentro con Dios y con los hermanos en este tabor de nuestro templo. Bienvenidos.

Rito del perdón:

  • Señor Jesús, desde la comodidad nunca saldremos de nuestras rutinas y cansancios. Señor, ten piedad.
  • Señor Jesús, desde el encierro en nuestras seguridades y nuestros miedos es difícil escuchar tu voz. Cristo, ten piedad.
  • Señor Jesús, desde nuestros refugios religiosos, familiares y sociales es muy complicado que escuchemos tu llamada a seguir tus caminos. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

En la primera lectura, del libro del Génesis, se presentan las dificultades humanas para creer, pero señala, sin embargo, que Dios se muestra paciente con ellas y que está dispuesto a recordar su promesa una y otra vez. San Pablo, en la carta a Los Filipenses, anima a asumir las dificultades, es decir,  las propias cruces de cada día como parte inevitable de la fidelidad al Evangelio. En el Evangelio contemplaremos la Transfiguración del Señor, momento especial de encuentro en oración con el Padre, del que hace partícipes a algunos discípulos.

 Oración de los fieles:

  • Para que podamos crear una verdadera comunidad cristiana, donde todos crezcamos en libertad y compromiso. Roguemos al Señor.
  • Para que nuestro planeta sea honrado y respetado por toda la humanidad. Roguemos al Señor.
  • Para que las órdenes contemplativas gocen de la plena humanidad de Jesús y puedan compartirla con todas las personas que se acerquen a sus monasterios. Roguemos al Señor.
  • Por todas las personas que sufren en silencio, ancianos, enfermos, emigrantes, mujeres maltratadas, … que puedan hacer oír su voz y nosotros sepamos escucharlas. Roguemos al Señor.
  • Por nosotros, para que estemos más atentos a la voz de Dios, que nos habla desde la Palabra y desde los hermanos y respondamos a los impulsos de su Espíritu. Roguemos al Señor.
  • Por los que formamos la Iglesia y nos cuesta salir al encuentro de las personas que no son de nuestro grupo, para que estemos atentos a sus propuestas y juntos construyamos un mundo más justo. Roguemos al Señor.

 Después de la comunión:

¡No te quedes en el Tabor!
¡Qué bien estamos aquí!
Pedro, baja del Tabor,
abandona la nube en la que te has metido.
Desde ella no ves la realidad,
la de las personas que este sistema
deja al margen del desarrollo
y del bienestar de unos pocos.
Tú y tus amigos debéis tirar para adelante,
donde están los más desfavorecidos.
Y con ellos, curar heridas, las de ellos y las vuestras:
las de los corazones que sufren,
las de las manos que no encuentran trabajo,
las de los pies que huyen del no tener
a los templos del consumo y del ocio sin sentido.
Porque ellos no son los malos castigados
y son capaces de dar fruto.
Celebran fiestas  cuando se reconcilian y olvidan.
Y nadie debemos acusarles porque
a nadie nos gusta estar al margen de la vida y de la fiesta.