II Domingo de cuaresma

Bienvenidos a la celebración. Vivimos tiempos difíciles, parece que los caminos se cierran, que el horizonte se oscurece. El Señor no quiere que nos desmoralicemos. Nos invita a escuchar como el Hijo y al Hijo, y a recordar, en Abrahán, que cuando se mantiene la fidelidad los caminos se abren.

Que la celebración nos ayude a ir transfigurándonos en Jesús y a poner en práctica lo que nos dice.

Rito del perdón:

  • Tú que eres el Hijo amado de Dios. ¡Señor, ten piedad!
  • Tú que has dado la vida por nosotros. ¡Cristo, ten piedad!
  • Tú que intercedes por nosotros. ¡Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

            La primera lectura nos presenta a Abrahán como prototipo de creyente, porque supo esperar contra toda esperanza y no se reservó a su hijo único. San Pablo, en la Carta a los Romanos, nos propone la fe en un Dios que se compromete en la historia y con las personas. El evangelio narra la Transfiguración de Jesús, no como punto de llegada, sino paso necesario hacia Jerusalén, lugar de la muerte y de la Resurrección.

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que siempre esté en camino, dispuesta a leer los signos de los tiempos y ofrecer respuestas de vida y santidad. Roguemos al Señor.
  • Por quienes somos el rostro de Dios que llega a la humanidad, para que seamos imagen de ternura y comprensión, como es Él. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que sufren las consecuencias de la crisis económica, para que los cristianos y personas de buena voluntad trabajemos para hacer desaparecer esa injusticia. Roguemos al Señor.
  • Por los enfermos, para que en su dolor se sientan unidos a la Cruz de Jesucristo y no pierdan la paz ni la esperanza. Roguemos al Señor.
  • Por las organizaciones que en nuestro país trabajan al servicio de la justicia y la igualdad en el mundo, para que tengan nuestro apoyo y el de todos los ciudadanos. Roguemos al Señor.
  • Por nosotros, que tantas dificultades encontramos para orar en medio de nuestra ajetreada vida, para que durante la Cuaresma seamos fieles a la cita con el Señor en el silencio. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Y aun cuando pierda la confianza en mí,
y aun cuando me vuelva estúpido
y hasta ridículo,
y aun cuando me odien
y me condenen,
y aun cuando desee reventar,
y aun cuando me haya equivocado,
y aun cuando esté harto,
y aun cuando ya no tenga nada…
Si me falta atractivo,
si me vuelvo insulso,
si no me comprenden,
si no me comprendo yo mismo…
Nada es grave.
Si me ahoga la melancolía,
si un enorme vacío me taladra el corazón,
si tengo frío o si tengo calor,
si ya no sé lo que tengo,
quién soy o quién no soy,
nada es grave
si me queda la fe en Ti