II DOMINGO DE PASCUA

Ambientación inicial:

Pascua es una fiesta tan grande que no se puede celebrar en un solo día. Por eso la Iglesia dedica cincuenta días a celebrarla: cincuenta días de Pascua. Es como si quisiera que la vayamos gustando poco a poco. Cada domingo nos invita a contemplar y degustar una parte. En este segundo domingo de Pascua vamos a vivir la idea gozosa de que el Señor resucitado ha hecho de nosotros la comunidad de los cristianos. Somos su familia, su grupo, su gente. Y nos reunimos en su nombre para festejar la alegría desbordante, la paz y la esperanza que provoca su Resurrección.

Rito penitencial:

  • Tú que nos reuniste en una fraternidad donde poder sentirse querido, acogido y superar la soledad y el individualismo. Señor, ten piedad.
  • Porque no sabemos reconocerte cuando estás presente en medio de nosotros y ser luz en nuestro caminar. Cristo, ten piedad.
  • Por las veces que no te reconocemos en el rostro del hermano, sobre todo en aquel que sufre. Señor, ten piedad. 

Ambientación a la palabra:

En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, se nos presenta, de una forma idealizada, el modelo de vida cristiana: crear verdadera comunidad, donde el “nosotros” frente al yo, adquiera toda su fuerza. La segunda lectura invita a la Iglesia a salir de sí misma y ofrecer al mundo la libertad de los hijos de Dios. En el Evangelio, San Juan, insiste en la gratuidad de la fe y se llama bienaventurados a los que sin haber visto han creído. 

Oración de los fieles:

  • Por todos los creyentes, para que la paz que Cristo nos transmite nos libere de los miedos que nos paralizan. Roguemos al Señor.
  • Para que nunca perdamos la esperanza ante las dificultades de la vida, y seamos siempre conscientes de que el Amor de Dios es más fuerte que la muerte. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que participan en la vida pública con el deseo de construir un mundo más libre, más justo y más humano para todos. Roguemos al Señor.
  • Por cuantos viven la angustia y el dolor a causa de la enfermedad, de las depresiones, de la soledad. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros que creemos en Jesús resucitado, para que vivamos llenos de alegría y llevemos la luz de la resurrección a tantos hermanos nuestros que viven en las tinieblas de la muerte. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial, para que unida a Jesús sea una comunidad viva, resucitada y renovada. Roguemos al Señor.

Después de la comunión

No tengáis miedo.

Si sois hombres tentados por el miedo,

si lo nuevo os aterra,

si os habéis acostumbrado a la rutina,

si no sabéis por donde vais,

si os espanta todavía la cruz…

¡No tengáis miedo!

¡Está vivo

y camina, como Señor,

delante de vosotros!

Si vuestros ojos se llenan de sueños,

si no veis nada detrás de las cosas,

si la realidad solo es lo que veis,

si buscáis y sólo encontráis la frialdad

del silencio,

si clamáis y Dios no os responde al instante…

¡No tengáis miedo!

¡Está vivo y camina,

como Señor,

delante de vosotros!

Si el cansancio os abruma,

si la palabra no os dice nada,

si las palabras os faltan,

si no encontráis las razones para vivir

tantas veces buscadas,

si habéis perdido la ilusión, si ya todo es noche sin chispa de luz…

¡No tengáis miedo!

¡Está vivo y camina, como Señor,

delante de vosotros!