III DOMINGO DE ADVIENTO

Ambientación inicial:

            Bienvenidos a la celebración de la Eucaristía en este tercer domingo de Adviento. La liturgia de estos domingos con sus lecturas bíblicas pretenden rearmar nuestra esperanza en la promesa de Dios: Dios está aquí y camina con nosotros, actuando a favor de que los seres humanos tengamos más vida. Para ello, es preciso despojarnos del temor y llenarnos de alegría. Hoy es el domingo de la alegría, que brota de la venida y del encuentro con el Señor.

Tercera vela de Adviento:

            Surgió un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. Desde la otra orilla, en el desierto, clamó una voz: “el Señor va a llegar. Preparad sus caminos”.
Y señaló caminos de esperanza para un pueblo desengañado de mentiras.
Cuando encendemos estas tres velas  cada uno de nosotros quisiera tener una llave para abrir caminos nuevos en la noche.
¡Ven, Señor, a salvarnos, rompe la cerca que nos impide el paso y abre para nosotros caminos de vida nueva! ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!

Rito del perdón:

  • Porque no ponemos nuestra esperanza y alegría en ti. Señor, ten piedad.
  • Por las veces que no hacemos de ti el sentido y el horizonte de nuestra vida. Cristo, ten piedad.
  • Por las veces que permanecemos indiferentes ante el dolor del prójimo. Señor, ten piedad.

 Ambientación a la Palabra:

            Vamos a escuchar un mensaje que da sentido a nuestra vida. Dios cuenta con nosotros para llevar la Palabra a todos y estar cerca de quienes sufren y lo pasan mal. Él mismo sostiene y alimenta nuestra fe y nuestra vida. De nosotros depende que la Palabra y el amor de Dios lleguen a nuestro mundo y a cada persona. Con Juan Bautista, también nosotros somos testigos de la luz.

Oración de los fieles: VEN, SEÑOR, A SALVARNOS

  • Por nuestra Iglesia, para que sea signo palpable de tu presencia, arriesgándose a pasar a la otra orilla, en vez de anclarse en añoranzas del pasado.
  • Para que las comunidades cristianas se sientan familias de amor y esperanza.
  • Para que los responsables de los pueblos se esfuercen por construir un mundo más justo, más libre y más solidario.
  • Para que todos los pobres sean evangelizados.
  • Por quienes buscan en el mundo señales de la presencia de Dios y no las encuentran y por quienes las descubren y se animan.
  • Para que no caigamos en la tentación de ser profetas de calamidades y nos fijemos en las personas que dan vista a los ciegos, hacen andar a los tullidos y dan nueva vida a los que no la tienen.
  • Por todos nosotros, para que sigamos abiertos a la acogida del Señor y seamos testigos de una gozosa esperanza.

 Después de la comunión

Ven, Señor, a salvarnos
y haz de nosotros salvadores.
Abre los ojos de nuestro corazón,
para que seamos luz del mundo.
Enciende nuestro corazón,
para que seamos sembradores de amor.
Contágianos de la fuerza de tu Espíritu,
para que seamos profetas de la libertad.
Enriquécenos con los dones de tu Espíritu,
para que evangelicemos a los pobres.
Danos la pasión de tu Espíritu,
para que carguemos, compasivos, con el hermano.