III Domingo de Cuaresma

“Yo soy el que soy”. Nos acercamos en la Eucaristía al lugar sagrado de la salvación de Dios, el momento donde mejor podemos entender que Él es un “Dios con nosotros”, el Emmanuel. Debemos descalzarnos de todas nuestras indiferencias, de todos nuestros egoísmos, de todos nuestros letargos. Debemos mirar a ese Dios cercano que nos cuida y nos llama a la conversión, porque es Todo-misericordia.

Dispongámonos a alimentar nuestro ánimo para afrontar las dificultades que nos presenta la vida. Bienvenidos.

Rito del perdón:

  • Tú, Padre bueno, acogedor y paciente, que nos aceptas y nos animas. Señor, ten piedad.
  • Tú, Jesús, humano como nosotros y divino como el Padre, que te acercaste a quien te buscaba. Cristo, ten piedad.
  • Tú, Aire de Dios, renovador de la vida y aliento de alegría que transmites el perdón. Señor, ten piedad.

 Ambientación a la Palabra:

En forma de narración nos presentan las lecturas lo que es un proceso religioso de las personas en nuestra relación con Dios. Vamos creciendo y madurando, Vamos cambiando y renovando. Vamos superando crisis, dudas e interrogantes. Dios siempre nos acompaña en el proceso de entender algo de Él. Al final, Jesús, es la Palabra más humana y más divina que podemos escuchar sobre Dios. Palabra que nos invita a vivir con esperanza, en libertad y haciendo presente la ternura de Dios.

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que proclame constantemente con palabras y hechos que la misericordia de Dios es más grande que todo lo que nosotros podamos pensar y desear. Roguemos al Señor.
  • Para que todo el mundo sepa que eres el Dios de la libertad y que nos haces libres para hacer una historia más humana. Roguemos al Señor.
  • Por los gobernantes y todos aquellos que, a cualquier escala, desempeñan una responsabilidad, para que no caigan en la tentación de ejercer el poder como dominio o en beneficio propio. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que se sienten oprimidos y esclavos de situaciones que les superan, para que descubran en los cristianos, hombres y mujeres dispuestos a levantar dignidades, a seguir apostando por causas aparentemente perdidas. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros, para que no caigamos en la tentación de creernos mejores que los demás, sino que proclamemos con nuestra vida que hemos puesto nuestra confianza en Aquel que no se cansa de esperar lo mejor de cada ser humano. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Señor, ayúdame a esparcir tu fragancia
donde quiera que vaya;
inúndame con tu espíritu y tu vida,
penetra todo mi ser y toma de él posesión
de tal manera que mi vida
sea en adelante una irradiación de la tuya.
Que las personas que tengan contacto conmigo
puedan sentir en mi tu presencia;
y que al mirarme olviden que yo existo
y no piensen sino en Ti.
Quédate conmigo.
Así podré convertirme en luz para otros,
esa luz, oh Jesús, vendrá toda de Ti;
ni uno solo de sus rayos será mío.
Te serviré apenas de instrumento
para que Tú ilumines sus vidas a través de mí.