III Domingo de cuaresma

Ambientación inicial:

            En este caminar buscando vida en plenitud, el Dios que hizo una alianza de vida con los hombres, y se nos hizo próximo y nos habló en Jesús de Nazaret, nos convoca una vez más en la casa de su pueblo, en el templo, para encontrarnos con los hermanos, releer nuestra historia a la luz de su Palabra y darle gracias y alabarle pues camina a nuestro lado.

            Este encuentro no es un intercambio de intereses, ni el cumplimiento de una norma, sino el espacio donde encontrar luz y aliento para nuestra vida. Bienvenidos.

Rito del perdón:

  • Por las veces que nos empeñamos en cuidar más los templos de piedra que a las personas. Señor, ten piedad.
  • Por cerrar nuestros ojos a los desastres de nuestro alrededor. Cristo, ten piedad.
  • Por no ser referentes de fe viva para los que nos rodean. Señor, ten piedad. 

Ambientación a la Palabra:

            La primera lectura, del libro del Éxodo, nos presenta los mandamientos, que no buscan amargar la existencia de nadie, sino conducir a una vida humana, de sana relación con Dios y con los hermanos. San Pablo, en la carta a los Corintios, nos dice que la identidad cristiana está en la configuración con Cristo. El evangelio nos recuerda que Dios no quiere ritos, sino celebraciones auténticas y coherentes con la vida.

 

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que con sus actuaciones liberadoras y de servicio a los pobres, demuestre que adora a Dios en espíritu y en verdad. Roguemos al Señor.
  • Para que los esfuerzos por la paz basada en la justicia de tantos hombres y mujeres no queden baldíos y la alegría vuelva a recorrer nuestras calles. Roguemos al Señor.
  • Por las mujeres, para que su dignidad sea reconocida tanto en la sociedad, como en el trabajo y en la Iglesia. Roguemos al Señor.
  • Para que cada día prestemos más atención a los templos vivos, que son las personas. Roguemos al Señor.
  • Por los que se declaran cristianos públicamente y están en los puestos donde se toman las decisiones graves sobre la economía del mundo, para que actúen como Dios nos pide, mirando la justicia, la fraternidad y la preferencia por los más pobres. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros, para que sepamos dar a Dios el culto que él quiere con una vida entregada y de servicio. Roguemos al Señor. 

Después de la comunión:

Quiero hacer norma de mi vida la verdad del Evangelio.
Tú eres radical, en ti no hay medias tintas;
la ambigüedad no tiene cabida en tu seguimiento.
Ante la fe que exiges no tienen entrada las componendas.
Señor, quiero decir sí a las exigencias que me haces;
decir sí cuando mi corazón tiende a lo más fácil, a lo que no cuesta.

Señor, dame el pan de cada día y que aún pueda compartirlo;
enséñame  a confiar en ti como un pobre que te extiende la mano.
Que viva tus dones derramados sobre mí a manos llenas;
que para mí la riqueza seas Tú y el amor a los hermanos;
Señor del amor desinteresado; dame unas manos que compartan;
Señor de lo esencial, dame un corazón capaz de dar con gozo;
de dar siempre.