INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARIA

Ambientación inicial:

Cuando todo apunta a la Navidad, celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Ella no es una figura decorativa en la espera de todo el pueblo cristiano, sino una persona crucial, fundamental, decisiva. No sólo porque ella fue la que mejor esperó en sus entrañas el nacimiento de Jesús, sino porque ella vio cómo la escucha y obediencia total a Dios se hicieron carne en la persona de Jesús. El sí de María es el triunfo de la gracia sobre el pecado, el triunfo de la salvación.

Bienvenidos a la celebración, participemos en ella llenos de gozo y de agradecimiento.

Rito penitencial:

  • Por la veces que seducidos por otros dioses abandonamos el proyecto de salvación que tienes para nosotros. Señor, ten piedad.
  • Por las veces que nuestras opciones implican la exclusión de los hermanos. Cristo, ten piedad.
  • Por las veces que no somos capaces de dar respuesta generosa a la misión que nos encomiendas en nuestra vida. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

      En el libro del Génesis, se nos pinta la primara página de la historia del mal, una secuencia dramática de mentiras y errores, de seducciones e infidelidades, de sufrimientos y maldiciones, pero enseguida se anuncia la victoria del bien sobre el mal. San Pablo, en la carta a los Efesios, afirma que lo que hace santos a los creyentes en Jesús es el amor. La página de la Anunciación es el contrapunto luminoso a la página de la seducción y el pecado del libro del Génesis. María, con su sí, facilita que se haga realidad la promesa de Dios: enviarnos a Jesús.

Oración de los fieles, respondemos: “VENGA A NOSOTROS TU REINO”

  • Por la Iglesia, para que se renueve cada día y sea santa e inmaculada, en unión con María Madre.
  • Por todos los pueblos marcados por el sufrimiento y la miseria, para que sean ayudados y liberados.
  • Para que nuestros gobernantes sean capaces de realizar un servicio sin mancha de corrupción, respondiendo con coherencia a la tarea que se les ha encomendado.
  • Para que sea respetada la dignidad de todos, en especial la de las mujeres, viendo en cada ser humano un hijo de Dios.
  • Por los que viven sin fe ni esperanza, para que se abran a la buena noticia de Jesucristo, hijo de María.
  • Por todos nosotros, para que luchemos contra el mal, la injusticia, la mentira, la violencia y la seducción del pecado, en comunión con María. Oremos.

Después de la comunión

Decir tu nombre, María, es decir que la Pobreza compra los ojos de Dios.
Decir tu nombre, María, es decir que la promesa sabe a leche de mujer.
Decir tu nombre, María, es decir que nuestra carne viste el silencio del Verbo.
Decir tu nombre, María, es decir que el reino viene caminando con la Historia.
Decir tu nombre, María, es decir junto a la Cruz y en las llamas del Espíritu.
Decir tu nombre, María, es decir que todo nombre puede estar lleno de gracia.
Decir tu nombre, María, es decir que toda suerte puede ser también Su Pascua.
Decir tu nombre, María, es decirte toda Suya, Causa de nuestra Alegría.