IV DOMINGO DE PASCUA

Ambientación inicial:

            Bienvenidos, aunque sea desde vuestras casas, a la celebración de la Eucaristía. Cada domingo expresamos nuestra fe en Jesucristo y nuestra vinculación con la comunidad cristiana. Él es quien  nos congrega, nosotros somos parte de su familia y necesitamos escuchar su palabra y sentir su envío. Hoy renovamos la fe en la presencia del Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas, y expresamos nuestra adhesión a su proyecto. Somos pueblo de Dios y miembros de su familia.

 Rito del perdón:

  • Porque no siempre escuchamos tu Palabra con atención. ¡Señor, ten piedad!
  • Por no recibir tus cuidados con docilidad. ¡Cristo, ten piedad!
  • Por no vivir tu seguimiento con pasión. ¡Señor, ten piedad!

Ambientación a la Palabra:

Somos miembros vivos y activos de la familia de Dios. Jesucristo sigue llamándonos por nuestro nombre e invitándonos a formar parte de la comunidad cristiana. Su misión le ha llevado a dar su vida por nosotros. Es la carta de presentación y el mejor certificado de autenticidad de sus palabras. Quien se deja cautivar por él quedará transformado.           

Oración de los fieles, respondemos: “SEÑOR, QUEREMOS ESCUCHAR TU VOZ”

  • Que la Iglesia, siguiendo los pasos de buen pastor, sepa comunicar vida y esperanza a nuestro mundo con palabras positivas y abiertas, más que con voces de condena.
  • La sociedad en la que vivimos nos hace ser ovejas dispersas y perdidas, cada una siguiendo su camino. Que recuperemos el sentido del bien común y de la fraternidad.
  • La pandemia está provocando mucho sufrimiento y mucho dolor en un montón de familias, que tengamos buenos pastores que faciliten poder vivir con dignidad. Oremos.
  • Que por encima de esas otras voces que oímos y nos atontan, escuchemos la voz de Jesús, nuestro pastor, que no tiene otro interés que nuestra propia vida y felicidad.  
  • Por nuestra comunidad, para que atenta a la Palabra que Jesús nos dirige se abra a recibir la vida que él quiere darnos.

Después de la comunión

El Señor es mi pastor,
nada me falta.
En verdes praderas me apacienta,
Me conduce a fuentes de descanso
y repara mis fuerzas.

Conoce mi corazón y mis entrañas,
mis proyectos e ilusiones;
me guía por caminos de justicia,
me enseña los tesoros de la vida
y silba canciones de alegría,
por amor de su nombre.

Aunque pase por cañadas oscuras
no tengo miedo a nada,
pues él está junto a mí
protegiéndome de ideologías,
de huecas promesas,
de trampas y enemigos.
Su vara y su cayado me dan seguridad.

Aunque tenga cosas urgentes,
no me agobio ni pierdo la paz,
pues su compañía me da serenidad,
hace inútil el febril activismo
y plenifica mis anhelos y mi ser.