IV Domingo de Pascua

La Eucaristía es un encuentro vivo con nuestro Señor, Jesucristo. Él, que nos acompaña en los caminos de la vida, nos invita ahora a sentarnos a su mesa para alimentarnos de su vida y de su mensaje. Le necesitamos para encontrar sentido a nuestra existencia.

En este domingo, en el que Jesús se nos presenta como el Buen Pastor, se celebra la jornada de oración por las vocaciones. Necesitamos con urgencia mensajeros que hayan experimentado a un Dios amigo y amante; enamorado hasta el extremo; y pedimos al Señor en este día, que no falten vocaciones a su Iglesia, vocaciones de especial consagración. Que no falten jóvenes que quieran seguirle, y se dejen seducir por Él.

Acto penitencial:

  • Tú que eres el Buen Pastor que conoce a cada uno por su nombre: Señor, ten piedad.
  • Tú que eres el Buen Pastor que nos llamas a seguirte: Cristo, ten piedad.
  • Tú que eres el Buen Pastor que das la vida por nosotros: Señor, ten piedad.

 Ambientación a la Palabra:

Jesús conoce cuál es la misión que le ha encomendado el Padre; ¿Conocemos nosotros la nuestra? Cada uno tiene su propia vocación, no la elegimos nosotros, nos viene dada por Dios. Dejemos que su Palabra nos interpele, preguntémosle a qué nos llama.

Oración de los fieles, respondemos: “PASTOR BUENO, GUÍANOS”

  • Para que el Papa Francisco, a través de sus gestos de cercanía, compasión y preocupación por los más pobres, vaya haciendo más creíble el mensaje del Evangelio y nos acerque a Jesús.
  • Para que haya personas, aquí y en los países de misión, que se decidan a seguir a Jesús y a anunciar su Evangelio, escuchando, acompañando y sirviendo.
  • Para que, buscando espacios de silencio, escuchemos la voz de Cristo, que nos comunica un mensaje de esperanza, y seamos capaces de interiorizarlo y hacerlo realidad en nuestra vida.
  • Para que escuchemos los sufrimientos de los abandonados, de los enfermos, de los que dudan, y ellos encuentren en nosotros una mano amiga que les muestre la bondad y la compasión de Dios Padre, que no nos deja nunca solos.
  • Por las vocaciones, por todas las personas que se sienten llamadas a seguir a Jesús. Por todos los laicos y laicas y las vocaciones consagradas.
  • Por las personas a las que se les ha encomendado alguna responsabilidad pastoral, en especial por nuestros sacerdotes, para que el Señor les ayude a desempeñarla con las actitudes evangélicas del Buen Pastor. Oremos
  • Por todos nosotros, que nos sentimos discípulos de Cristo, para que imitemos su vida y demos la nuestra por amor a Él. Oremos 

Después de la comunión:

Jesús, deseo escuchar tu voz:
La voz que llamó a Pedro, a Santiago y a Juan;
la voz que escucharon las gentes de Galilea, la voz cercana y amiga
a los pecadores de siempre,
a los pobres de toda la vida,
y a los tirados en las cunetas de la vida.

La voz que los cautivó, los levantó del suelo
y les dio una esperanza para vivir y morir.

Jesús, deseo escuchar tu voz:
En la vida de la gente sencilla que te lleva en el corazón,
en los que, como tú, hacen oír tu voz a favor de los pobres,
en los que, en la sombra y en el silencio, trabajan por la paz,
en los que buscan un sentido y no pierden la esperanza,
en los que perdonan, a pesar de todo,
en los que, sin pregonar su fe,
aman y se dan, sin más.