Miércoles de Ceniza

Ambiención inicial:

Con esta celebración comenzamos la Cuaresma, tiempo de gracia y de conversión. Un camino hacia la Pascua que recorreremos a lo largo de cuarenta días. Por ello es hora de ponernos en camino, de salir de nuestras comodidades, de nuestro inmovilismo para ir al encuentro de Cristo resucitado. Necesitamos tener experiencia de desierto, que es lugar de dificultades, pero, sobre todo, lugar de experiencia de Dios.

Dispongámonos a hacer esta experiencia de desierto que, como a Israel, nos llevará a la Tierra Prometida, anticipada en la Pascua.

Ambientación a la palabra:

            La Palabra de Dios, tanto hoy, como el resto de la Cuaresma, nos invita a la conversión, que es cambio de corazón, cambio profundo y radical de la persona. Un cambio que no se limite a gestos externos que pueden ser muy llamativos pero que en el fondo no signifiquen nada. Rasgad los corazones, no las vestiduras. Conversión es abrirnos a Dios de tal manera que pueda arrancar de nosotros el corazón de piedra y darnos un corazón de carne.

Oración de los fieles:

  • Por la iglesia, para que sea siempre la Madre acogedora de todos sus hijos, sobre todo, de los más necesitados. Roguemos al Señor.
  • Por todos los cristianos, para que cambiemos nuestro corazón y seamos generosos y solidarios con nuestros hermanos más pobres. Roguemos al Señor.
  • Por las personas que están viviendo situaciones de desamparo e incomprensión, para que puedan encontrar motivos para seguir esperando. Roguemos al señor.
  • Por los endurecidos en su corazón a causa de las riquezas o del poder, e insensibles a las necesidades de los otros, para que en estos cuarenta días de conversión descubran caminos de verdadera felicidad a través de la generosidad con su propio prójimo. Roguemos al Señor.
  • Por las comunidades cristianas, para que siempre y, especialmente en este tiempo, escuchemos y meditemos más profundamente la Palabra de Dios. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros, para que nuestra Cuaresma sea un viaje al interior de nosotros mismos, que nos lleve a asumir actitudes de austeridad, solidaridad y ejercicio místico. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Que tu palabra despeje nuestros caminos,
que tu luz ilumine y disipe temores,
que tu fuerza refuerce nuestros esfuerzos,
que tu amor nos transforme enteramente.

Como vienes con nosotros, Señor,
y sé que guardas nuestros pasos,
no tenemos miedo al emprender la marcha.

Confiamos llegar a la Pascua
y ser arrebatados en tu resurrección
y encontrar la Vida que nos da vida.
Salgamos confiados, animados, acompañados