SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

Ambientación inicial:
            Hace una semana, en la noche santa de la Pascua del Señor, celebrábamos el triunfo de Cristo resucitado. Todos, desde diferentes lugares, vivíamos la misma alegría, la misma noticia salvadora; y nos teníamos presentes mutuamente. Ahora, en este domingo, Jesús viene a nosotros y nos da su paz.
            Nosotros, su familia, su comunidad, necesitamos encontrarnos cada domingo con él y con los hermanos. Las circunstancia no nos permiten estar juntos, en este templo, el Señor lo sabe y, por ello, la fuerza de su Espíritu hará que nos sintamos cerca unos de otros y en comunión.

Rito del perdón:

  • Tú, vencedor del pecado y de la muerte. Señor, ten piedad.
  • Tú, la luz que ilumina nuestro caminar. Cristo, ten piedad.
  • Tú, camino, resurrección y vida: Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:
            La primera lectura nos describe, con rasgos idealizados, la vida de la comunidad cristiana naciente. San Pedro, en la segunda lectura, nos muestra cómo debe ser la vida de quienes hemos sido renovados por el bautismo. El evangelio nos dice que, a los ocho días, llegó Jesús y se puso en medio de los discípulos, Tomás no estaba, deseándoles la paz y enviándoles a la tarea misionera.

Oración de los fieles:

  • Por todos los cristianos, para que vivamos cada domingo la alegría del encuentro con el Señor y, ojala pronto, con los hermanos de comunidad. Roguemos al Señor.
  • Para que demos testimonio de nuestra fe con amor constante y entregado a los hermanos. Roguemos al Señor.
  • Para que seamos testigos de esperanza en medio de la desesperanza que llena nuestra sociedad. Roguemos al Señor.
  • Por los difuntos, hacemos presentes de manera especial a los miembros de nuestra comunidad, para que todos estén disfrutando con Cristo del triunfo de la Resurrección. Roguemos al Señor.
  • Por todos los enfermos y sus familiares, para que además de la atención sanitaria no les falte el cariño, la comprensión y el ánimo. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial, para que cada vez sean más fuertes los lazos de amor e interés por los demás. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

No tengáis miedo.
Si sois hombres tentados por el miedo,
si lo nuevo os aterra,
si os habéis acostumbrado a la rutina,
si no sabéis por donde vais,
si os espanta todavía la cruz…
¡No tengáis miedo!
¡Está vivo y camina, como Señor, delante de vosotros!
Si vuestros ojos se llenan de sueños,
si no veis nada detrás de las cosas,
si la realidad solo es lo que veis,
si buscáis y sólo encontráis la frialdad del silencio,
si clamáis y Dios no os responde al instante…
¡No tengáis miedo!
¡Está vivo y camina, como Señor,
delante de vosotros!
Si el cansancio os abruma,
si la palabra no os dice nada,
si las palabras os faltan,
si no encontráis las razones para vivir
tantas veces buscadas,
si habéis perdido la ilusión,
si ya todo es noche sin chispa de luz…
¡No tengáis miedo!¡
Está vivo y camina, como Señor,
delante de vosotros!