V Domingo de Cuaresma

Nos disponemos a celebrar la Eucaristía en este último domingo de Cuaresma. Estamos finalizando nuestro camino hacia la Pascua que celebraremos con gozo dentro de unos días, es momento, por tanto, de intensificar nuestra preparación, vivir la conversión, como acogida del don de Dios, en el servicio y acogida de los últimos,  para desterrar a nuestro hombre viejo y vivir la novedad de la Pascua.  Con este sentimiento comenzamos nuestra celebración.

Rito del perdón:

  • Porque nos aferramos a nuestras esclavitudes y no nos abrimos a la liberación de Dios. Señor, ten piedad.
  • Porque no siempre perdonamos como Cristo nos perdona. Cristo ten piedad.
  • Porque no has venido a condenar sino a salvar y a ofrecer salidas. Señor, ten piedad.

 Ambientación a la Palabra:

Lo antiguo, lo gestionado por las leyes impersonales, por una ley que esclaviza al hombre, implica la condena del pecador, incluso su ejecución. El nuevo orden de cosas que trae Jesús lleva consigo el perdón y la misericordia, incluso con prostitutas y blasfemos que en su tiempo estaban condenados a la lapidación.

Oración de los fieles:

  • Por el Papa, los obispos, sacerdotes y todo el pueblo de Dios, para que sepamos ofrecer a los hombres y mujeres de nuestro tiempo la novedad del Evangelio. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que han comprometido sus vidas en la construcción de la paz, para que contagien a su alrededor este espíritu de reconciliación. Roguemos al Señor.
  • Por los jueces que tienen la responsabilidad de administrar justicia, para que no olviden que, aun salvaguardando el cumplimiento de la ley, las personas son lo primero. Roguemos al Señor.
  • Por todas las mujeres que en nuestro mundo son víctimas de culturas machistas y patriarcales, para que no pierdan la conciencia de su dignidad como personas y encuentren cauces de liberación. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que persiguen, condenan, comercian, con el cuerpo y la vida de las personas, para que sientan la llamada a la conversión y el respeto a la dignidad de la persona. Roguemos al Señor.
  • Por todos nosotros para que nos abramos al Dios de las sorpresas y seamos capaces de lanzarnos a lo que está por delante con alegría, confiando en que es Dios quien nos sostiene. Roguemos al Señor.

 Después de la comunión:

Aquí estoy, Señor, a tus pies,
rodeada por quienes ves
y  sus corazones de piedra,
abrumada por mis hechos
y mi conciencia mal enseñada,
juzgada y condenada
sin poder decir una palabra.

Soy carne despreciada y chivo expiatorio
de quienes pueden y mandan.
Aquí estoy, Señor, a tus pies,
sin dignidad ni autoestima,
con los ojos desorientados
pero con el corazón palpitando,
con el anhelo encendido,
con el deseo disparado,
aguardando lo que más quiero-tu abrazo-,
luchando contra mis fantasmas y miedos,
desempolvando mi esperanza olvidada
y nuestros encuentros y promesas.

Aquí estoy, Señor, a tus pies,
medio cautiva, medio avergonzada,
necesitada, sin entender nada…
Pero queriendo despojarme
de tanto peso e inercia,
rogándote que cures las heridas de mi alma
y orientes mis puertas y ventanas
hacia lo que no siempre quiero
y, sin embargo, es mi mayor certeza.

Aquí estoy, Señor, a tus pies.
¡Tú sabes cómo!