VI Domingo de Pascua – A

Ambientación inicial:

Este domingo es el prólogo de los misterios que contemplaremos los próximos domingos. El Señor nos va preparando para su marcha con el Padre, y nos anuncia la venida del Espíritu para poder mantener una vida de santidad.

La celebración de hoy es una invitación a la confianza: confiar en la necesidad de transmitir el Evangelio, confiar en la Palabra del Señor, confiar en la Iglesia como garante de la fe.

Pero también es una invitación a ser signo en medio de nuestro mundo, con nuestra forma de ser y actuar. El anuncio de la Buena Noticia que nos ha traído el Señor se concreta en una forma de encarar la vida: procurando el bien.

Rito del perdón:

  • Por la veces que nos hemos creído autosuficientes. Señor, ten piedad.
  • Por las veces que hemos vivido como si no hubiésemos recibido el anuncio del Evangelio. Cristo, ten piedad.
  • Por las veces que hemos tenido miedo de vivir en santidad. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

En la primera lectura se nos presenta la necesidad de la evangelización. El mensaje de Jesús no es para una élite, todas las personas están llamadas a recibir ese anuncio. El apóstol Pedro nos presenta la importancia de dar razones de nuestra fe no desde la acritud, sino mostrando la dulzura de Cristo. En el Evangelio se nos hace el anuncio de la marcha de Jesús y de la presencia del Espíritu, que será nuestro verdadero defensor.

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia y por todos los cristianos, para que demos razón de nuestra esperanza viviendo la alegría del Evangelio. Roguemos al Señor.
  • Por nuestros gobernantes, para que sean honestos y busquen siempre el bien de todos los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que sufren en el cuerpo o en el espíritu, para que encuentren el consuelo en Cristo, que murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu. Roguemos al Señor.
  • Por todos los enfermos y sus cuidadores, para que encuentren en el cariño la mejor medicina. Roguemos al Señor.
  • Por nuestra comunidad parroquial, para que no se encierre en sí misma, sino que esté abierta y con actitud acogedora. Roguemos al Señor.

Después de la comunión:

Tú te has acercado,
has soplado sobre los rescoldos de mi corazón,
y luz, calor, fuego y vida
han surgido gratis inundando todo mi ser.
Derribaré cuanto se interponga entre nosotros:
mis miedos, mis apegos, mis trampas, mis seguridades,
mis murallas, mis pecados, mis conciertos, mi insensatez…
Te dejaré entrar hasta las alcobas más íntimas.
No te retendré en el umbral.
Despojado de todo, excepto de mi deseo de Ti,

te esperaré despierto, parado, limpio, enamorado…
Sólo quiero la brisa de tu presencia
y el abrazo de tu amor.