VI Domingo de Pascua

Ambientación inicial:

            La Eucaristía es el sacramento que Cristo Jesús confió a sus apóstoles como recuerdo de su muerte a favor nuestro y que su resurrección ha transformado en celebración de su presencia en medio de la comunidad de sus discípulos para siempre. Recuerdo y presencia que alimentan el amor de Jesús por cada uno de nosotros para que permanezcamos en su amor. Bienvenidos a  participar en el banquete de la fraternidad.

Rito del perdón:

  • Tú que eres Palabra hecha carne y que para nosotros tienes palabras de vida eterna que nos hacen sentirnos felices. Señor, ten piedad.
  • Tú eres el Pastor Bueno que nos guías por caminos saludables y te haces pan de vida para nosotros. Cristo, ten piedad.
  • Tú eres la vid de cuya savia quieres que se alimente nuestra vida. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

El libro de los Hechos transmite la experiencia de los primeros discípulos,  que el Espíritu de Dios se da a todos por igual, independientemente de su condición étnica. San Juan, en su primera carta, afirma que Dios es amor y de esta experiencia arranca el amor humano. El amor a los demás no es cuestión de voluntarismo, sino consecuencia de haber experimentado el amor de Dios. En el texto evangélico, aparece Jesús instruyendo a sus discípulos sobre aspectos decisivos de su existencia: el amor, la amistad, la libertad,… 

Oración de los fieles, respondemos: SEÑOR, ENSÉEÑANOS A AMAR

  • Por la iglesia, para que todas las personas puedan experimentar en ella la fuerza del amor misericordioso del Padre.
  • Por nuestro mundo, marcado por el sufrimiento en sus distintas formas, para que el Padre lo transforme y ponga en cada corazón la misericordia y el perdón de su Hijo Jesús.
  • Por los gobernantes y ciudadanos, para que nos esforcemos en vivir en el respeto a todos, aceptando las diferencias.
  • Por los matrimonios que han visto marchitarse su amor primero y por los que han terminado en ruptura, para que se sepan acogidos por la Iglesia y por cada uno de nosotros.
  • Por nuestra comunidad, para que en ella surjan vocaciones al servicio voluntario con los excluidos de nuestra sociedad.
  • Por todos los que celebramos esta eucaristía, para que siempre permanezcamos unidos al Señor y entre nosotros, y así ofrezcamos espacios de vida fraterna.

Después de la comunión:

En aquel amor inmenso
que de los dos procedía
palabras de gran regalo
el Padre al Hijo decía
de tan profundo deleite
que nadie las entendía
solo el Hijo lo gozaba
que es a quien pertenecía.

Pero aquello que se entiende
de esta manera decía
nada me contenta, Hijo,
fuera de tu compañía.
Y si algo me contenta
en ti mismo lo quería
el que a ti más se parece
a mi más me satisfacía.

Y el que en nada te asemeja
en mi nada hallaría
en ti solo me he agradado

¡Oh vida de vida mía!
Eres lumbre de mi lumbre
eres mi sabiduría
figura de mi substancia
en quien bien me complacía.

Al que ti te amare, Hijo,
a mí mismo le daría
y el amor que yo te tengo
ese mismo en él pondría
en razón de haber amado
a quien yo tanto quería.

                        San Juan de la Cruz