XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario (2018)

Un domingo más nuestra comunidad se reúne a celebrar la Eucaristía que nos constituye como Iglesia, como Pueblo de Dios. Jesús se hace presente en medio de nosotros, nos mira con cariño y nos invita a vaciarnos de todo aquello que no es amor y que nos impide seguirle de verdad: egoísmos, enfados, caprichos, envidias.

Dispongámonos a celebrar con alegría el banquete de amigos, de hermanos en el Señor. Bienvenidos.

 

 

Rito del perdón:

  • Por las veces que no nos guiamos por la sabiduría divina, sino por nuestros caprichos. Señor, ten piedad.
  • Porque ignoramos a nuestros hermanos que son víctimas del hambre y de la miseria. Cristo, ten piedad.
  • Porque nos aferramos a cosas que nos impiden seguir a Jesús. Señor, ten piedad.

Ambientación a la Palabra:

La primera lectura nos habla de la necesidad de buscar y pedir la verdadera sabiduría que oriente y de sentido a nuestra vida. Sabiduría que encontraremos en la Palabra, que es viva y eficaz, como nos dice la carta a los Hebreos, en la segunda lectura. Sabiduría que nos llevará a responder positivamente a la invitación que nos hace  Jesús a seguirle.

Oración de los fieles:

  • Por la Iglesia, para que superando todos los obstáculos y el peso de la historia, sea algún día Iglesia pobre y de los pobres. Roguemos al Señor.
  • Por nuestro mundo, para que algún día se supere la brecha entre ricos y pobres, privilegiados y perdidos. Roguemos al Señor.
  • Por los ricos y poderosos del mundo y de nuestra sociedad, para que desaparezcan los paraísos fiscales, la corrupción y su indiferencia ante el sufrimiento de los empobrecidos. Roguemos al Señor.
  • Por los pobres, los marginados los olvidados de nuestra sociedad, por los que no encuentran salida a su trágica situación. Roguemos al Señor.
  • Por nosotros, para que tomemos conciencia de la injusticia del sistema en el que vivimos y optemos por vivir una “sobriedad compartida”. Roguemos al Señor.

 Después de la comunión:

No crezca mi niño, no crezca jamás.
Los grandes al mundo le hacen mucho mal.
El hombre ambiciona cada día más
y pierde el camino por querer volar.

Vuele bajo porque abajo está la verdad.
Esto es algo que los hombres no aprenden jamás.

Por correr el hombre no puede pensar
que ni él mismo sabe para dónde va.
Siga siendo niño y en paz dormirá
sin guerras ni máquinas de calcular.