DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO

-2026-

Ambientación inicial:

               Un domingo más, nos reunimos como comunidad, para hacer presentes y visibles los valores del Reino. Un Reino donde todos somos llamados a trabajar en la viña del Señor, sin ningún tipo de distinción; aunque en ocasiones somos tan torpes que no queremos que los demás tengan el mismo beneplácito divino y los mismos dones que nosotros.

Rito penitencial:

  • Porque nos creemos privilegiados y no valoramos suficientemente a los demás. Señor, ten piedad.
  • Porque ponemos la justicia humana por encima de la justicia de Dios. Cristo, ten piedad.
  • Porque nos cuesta tender la mano a los hermanos más necesitados. Señor, ten piedad.

Ambientación a la palabra:

            Nos recuerda la primera lectura la necesidad de buscar a Dios, a un Dios que está cerca del hombre y se deja encontrar, unos lo habrán encontrado desde siempre, otros en el trascurrir de la vida y otras al final, pero esto no puede ser motivo para el privilegio de unos y el detrimento de otros, sino que todos tenemos que ir a trabajar en la viña del Señor que es el compromiso que adquirimos en el bautismo.

Oración de los fieles:

  • Pidamos por la Iglesia universal, viña del Señor, para que manifieste siempre los valores del Reino. Roguemos al Señor.
  • Pedimos por nuestra comunidad, que hoy llega a la mayoría de edad, para que siga creciendo en fe, en calidad cristiana y en calidez en el compromiso hacia los hermanos. Roguemos al Señor.
  • Pidamos por los que gobiernan nuestra sociedad, dirigen las empresas y tienen en sus manos la gestión de las riquezas del mundo; para que fomenten la justicia, la paz y la libertad que procede del amor de Dios. Roguemos la Señor.
  • Por nosotros enviados a la viña, para que nuestro trabajo logre integrar a todos los hermanos enviados a diferentes horas. Roguemos al Señor.
  • Por todos los marginados, abandonados, por los últimos de la sociedad, para que se sientan acogidos y valorados. Roguemos al Señor.
  • Por todos los que se han visto obligados a migrar de sus países a causa de la pobreza, la persecución o la guerra, para que se les facilite la acogida y la integración por parte de las distintas instituciones sociales y religiosas. Roguemos al Señor.

Oración después de la comunión:

En el desierto de la Iglesia peregrinante

nadie es mayor que nadie.

Todos valemos mucho,

todos poco.

Sobre la arena

corremos aproximadamente igual.

Aquí el último llegado

es como el primero que llegó.

Nadie pesa más.

Nadie puede más.

Nadie manda más.

Y al que llega en la hora undécima

le das la misma paga.

Los que valen mucho no caben.

Tú los distingues desde lejos

y no haces sitio para ellos.

¡Son demasiado importantes!

Sabios, comprometidos, genios, héroes.

Tú nos enseñas que no tenemos más que un Señor

y que todos somos hermanos.